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García Lorca y el teatro español anterior a 1936

7. EL TEATRO ESPAÑOL ANTERIOR A 1936. 7.1. El teatro comercial: comedia burguesa , teatro cómico y teatro poético


A finales del Siglo XIX se producen varios intentos de acabar con el tipo de teatro retórico y melodramático que, heredado del Romanticismo, tenía su mayor representante en José de Echegaray. Los estrenos de Realidad de Benito Pérez Galdós;
El nido ajeno de Jacinto de Benavente; y Juan José de Joaquín Dicenta, trataron de introducir un teatro cercano al Naturalismo europeo. Escenarios que reproducían ambientes reales, empleo de un lenguaje más conversacional, un tipo de actuación más natural y temas conflictivos eran algunas de sus carácterísticas. Sin embargo, el relativo éxito de Galdós y Dicenta no tendría continuidad. Sería Benavente el encargado de dar forma al nuevo teatro, aunque después de plegarlo a las exigencias del público. En el teatro comercial podemos distinguir tres tendencias: 

1. La comedia burguesa

La larga trayectoria de JACINTO BENAVENTE es un ejemplo de las limitaciones del teatro español. El fracaso de El nido ajeno obra audazmente crítica, en la que analizaba el oscuro lugar ocupado por la mujer de la clase media, le llevó a escribir otras más acordes con el tipo de público al que había que halagar.
La comedia de las fieras constituye su primer gran éxito, por la levedad de su crítica. Desde entonces Benavente se limitó a pulir la estructura de su teatro para garantizarse la aceptación de los espectadores y repitió la fórmula sin descanso. Cuando recibíó el premio Nobel en 1922 ya su estilo era reprobado por buena parte de la intelectualidad española. En general, sus tramas presentan problemas poco conflictivos: Benavente ponía en escena leves defectos de las relaciones personales o sociales. Los intentos benaventinos de reflejar lo actual de cada momento son la causa de su éxito de público, pero también de la caducidad de su teatro. También intentó el drama rural. Y aquí, su mayor éxito fue La malquerida sobre una devastadora pasión incestuosa. No le falta fuerza ni habilidad constructiva, pero no acertó con un lenguaje que fuera convincentemente rural
. Los intereses creados es su obra más valorada hoy en día; en ella los personajes de la commedia dell ́arte italina (Polichilena, Colombina, etc…) actúan en una trama en la que el amor y el dinero pugnan por salir triunfantes. 

2. La comedia costumbrista

Otra línea teatral consigue el éxito a base de desarrollar el cuadro costumbrista ROMántico, mezclando aspectos de la zarzuela y del denominado género chico, breves sainetes en un acto que alternan los diálogos con partes musicales. Se caracteriza este teatro, en sus aspectos formales, por hacer hincapié en el ambiente pintoresco de determinadas regiones españolas (Madrid, Andalucía), por la creación de personajes típicos, por su leguaje avulgarado y humorístico y, en lo ideológico por su conservadurismo. • El alicantino Carlos Arniches es el más conocido autor de sainetes. Especialista en las costumbres madrileñas de los barrios populares, sus personajes achulados y castizos se expresan con un rico lenguaje que provoca la carcajada con sus deformaciones y expresiones hiperbólicas. Sus sainetes más logrados son el santo de Isidra;
y La flor del barrio, La señorita de Trevélez. 
• Los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero escribieron en colaboración cerca de doscientos cuadros, sainetes costumbristas y comedias ambientadas en una Andalucía irreal y tópica. Los títulos más destacados son El patio; Las de Caín; 3. El teatro poético. 
Lo que a principios de siglo se llamaba «teatro poético» combinaba resabios posrománticos con rasgos de estilo modernista (el verso sonoro, los efectos coloristas, etc.). Todo ello iba asociado, curiosamente, a una ideología tradicionalista que -ante la crisis espiritual de la época responde exaltando los ideales nobiliarios y los grandes hechos del pasado. Incluso formalmente -y junto a las galas modernistas- hay cierta voluntad de emular el teatro del Siglo de Oro, aunque hoy nos parezca más cercano al de un Zorrilla. De los cultivadores de esta línea, pocos merecen recordarse. • Francisco VILLAESPESA (1877-1936) es autor de poemarios de un Modernismo fácil y superficial. Sus dramas son ejemplo de aquella mirada a las glorias pasadas; baste citar títulos como “El alcázar de las perlas” (1911), “Doña María de Padilla” (1913), “La leona de Castilla” (1916)… 
EDUARDO MARQUINA (1879-1946) alternó también la lírica y el teatro. Cosechó grandes éxitos de público con inevitables dramas históricos, como “Las hijas del Cid” (
1908), “En Flandes se ha puesto el sol”, su obra más famosa (1911). Son obras compuestas como una sucesión de «estampas», con frecuentes fragmentos líricos que recuerdan las «arias» de ópera. Aunque más consistentes que las de Villaespesa, se alejan de los gustos actuales. Dentro del teatro en verso -aunque con diferencias de enfoque cabe situar las obras escritas en colaboración por los hermanos Machado.
También se inspiraron en personajes históricos como en “Juan de Mañara” (1927), sobre el famoso «donjuán» sevillano que se convirtió en riguroso asceta. Otras obras son de tema moderno, como “La Lola se va a los puertos” (1929), su título más estimable, sobre una bella «cantaora», encarnación del alma andaluza, Pero estas y otras obras no son más que una curiosa pervivencia del teatro modernista. Interesantes más por sus autores que por sus cualidades escénicas. Un teatro en verso verdaderamente poético y nuevo requeriría el genio de un Valle o un Lorca. En un nivel inferior de calidad -no de éxito-, situemos el género cómico llamado «astracán» (o «astracanada»), cuyo creador fue Pedro Muñoz Seca (1881-1936). Son piezas descabelladas, sin más objetivo que arrancar la carcajada, pero no puede olvidarse un título como “La venganza de don Mendo” (1918), hilarante parodia de dramas ROMánticos o neorrománticos y, de rechazo, del teatro en verso de aquellos años. 

7.2. El teatro renovador: Federico García Lorca

En 1932 Lorca formó el Teatro Universitario “La Barraca”, una compañía con la que deseaba renovar la escena mediante la actualización de los clásicos. Además de esta experiencia como director, Lorca compuso importantes obras teatrales. El tema central de sus obras se ha definido de varias formas: el mito del deseo imposible, el conflicto entre la realidad y el deseo, el enfrentamiento entre el principio de autoridad y el principio de libertad, la frustración. Este conflicto nace del choque entre un individuo, normalmente una mujer, y las fuerzas externas que ahogan o impiden su realización personal, con el consiguiente desenlace de frustración. Creó el verdadero teatro poético: «El teatro es poesía que se levanta del libro y se hace humana», dijo. En su producción, además del lenguaje, cargado de connotaciones, cobran importancia otros componentes como la música, la danza y la escenografía. Recibe influencias muy variadas, desde el teatro clásico español, pasando por el modernista y Valle-Inclán, hasta Shakespeare o el teatro de títeres. Sus primeros dramas, El maleficio de la mariposa, donde la cucaracha Curianito, el poeta, rompe con las convenciones y se enamora de una mariposa, presenta el choque entre el ideal y lo establecido y en Mariana Pineda, donde dramatiza la historia de Mariana, su amor y su fidelidad, así como su sacrificio, están emparentadas con el lirismo del teatro modernista. Es autor, además, de farsas para personas, como La zapatera prodigiosa, que representa la ilusión insatisfecha, y El amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín presenta una historia de matrimonio desigual, adulterio y amor inalcanzable

Bajo la denominación de comedias imposibles en las que se aprecia la influencia del Surrealismo. En El público, el autor vuelca sus preocupaciones acerca de la renovación dl teatro y el rechazo de la sociedad contra el amor homosexual, en Así que pasen cinco años, se centra en un protagonista que deja pasar el tiempo despreciando lo que la vida le ofrece y expresando la oposición entre la realidad y los sueños. En ellas anticipa posteriores hallazgos del teatro europeo. Son piezas de complejo simbolismo que no pudieron ser representadas hasta mucho después. La plenitud de su quehacer dramático se halla en sus tragedias que se desarrollan en un ambiente rural y representan el destino trágico y la frustración del deseo. En Bodas de sangre la fatalidad se cierne sobre la huida amorosa de Leonardo y la Novia, porque ella acaba de casarse y él ya está casado; la obra termina con la muerte de ambos hombres y la soledad de las mujeres. En Yerma se refleja la lucha entre el instinto y la represión, la protagonista no puede ser madre y, aunque al marido no le importa no tener hijos, ella siente rencor hacia él hasta el punto de llegar a matarlo. Y en La casa de Bernarda Alba las convenciones se enfrentan a las pasiones reprimidas. También Doña Rosita la soltera tiene como protagonista a una mujer frustrada, aunque en este caso se trata de un drama sobre la espera inútil del amor. Al igual que en su obra poética, García Lorca utiliza símbolos para revelar la fatalidad que se cierne sobre las protagonistas de sus obras, como el bastón, el caballo, la luna, la sangre o los diferentes colores. Sus protagonistas femeninas, de férreo carácter, personifican valores absolutos enfrentados entre sí (como Bernarda y su hija Adela) o contra el mundo (la Novia, Yerma) 

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