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Elementos del homicidio

El fragmento que nos ocupa pertenece a la obra
La casa de Bernarda
Alba, escrita por Federico García Lorca en 1936, aunque debido a la censura franquista, se estrenó en Buenos Aires en 1945. Se trata de un texto dialógico dramático que se inscribe en el subgénero del drama, por lo tanto, su elaboración se concibe para la puesta en escena y cuenta con acotaciones explícitas o implícitas destinadas a un director.

Respecto al autor, Lorca forma parte de la Generación del 27, denominación que engloba a un grupo de poetas con inquietudes similares y cuyo nombre debe su origen al acto conmemorativo del tercer centenario de la muerte de Góngora que tuvo lugar en 1927 en el Ateneo de Sevilla y al que acudieron, entre otros: Jorge Guillén, Gerardo Diego,… Federico García Lorca constituye uno de los poetas españoles más próximo al espíritu popular; tanto su obra poética como la teatral se integran elementos de la tradición española y andaluza. Respecto a su faceta como dramaturgo, renovó junto con Valle Inclán el panorama teatral de su época dominado por el drama burgués de Benavente.

Cabe recordar que la trayectoria teatral de Lorca atraviesa 3 fases que se corresponden con distintos movimientos literarios: teatro modernista; teatro vanguardista y, finalmente, una etapa presidida por un teatro de gran intensidad y protagonizado por mujeres marcadas por la frustración y por un destino trágico inevitable.

En esta última etapa García Lorca compone Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba, dramas que ponen de relieve el papel de la mujer a comienzos del Siglo XX en España.

El tiempo varía en cada una de ellas y su transcurrir se convierte en otro elemento de asfixia. Por su parte, los actos repiten `paralelamente la misma secuencia: calma inicial, sucesión de conflictos y violencia final.

Además, los actos y las escenas conforman una unidad de sentido global gracias a una progresión temática de estructura ascendente en la que las acciones y las escenas se encadenan, de modo que una escena conduce a la otra. Se trata del recurso empleado por Lorca con el fin de lograr que la intensidad dramática aumente conforme avanza la obra. 

 los temas que recorren la obra: las apariencias, el odio, la envidia, el autoritarismo, la rebelión, la resignación, la represión de la sexualidad y el sometimiento de la libertad individual a la preceptiva social.

Todos los temas se reflejan simbólicamente en los personajes: odio y envidia: Martirio; dominancia: Bernarda; rebelión: Adela toda vez que se trata de personajes que representan las diversas actitudes que adopta el ser humano ante una situación de represión y encierro como la presentada. La intensidad dramática del final de la obra recae sobre Adela, Bernarda y Pepe el Romano, aunque el origen reside en la envidia y el odio de Martirio, elementos desencadenantes de la tragedia final.

La trama de La Casa de Bernarda Alba se desarrolla en torno a la dominación tiránica de una madre sobre sus hijas, consecuencia de un sistema social totalmente represivo. Lorca plantea dicha temática mezclando elementos de la tradición literaria española con rasgos procedentes de las vanguardias europeas. Al mismo tiempo, la profusión de símbolos encaja con las vanguardias y con la Generación del 27.  Por lo tanto, tradición y vanguardia se entretejen con un magistral empleo del lenguaje que plasma tanto el conservadurismo de la burguésía rural como la injusticia social de la Andalucía del momento. La crítica de Lorca hacia el retraso de España deriva de la profunda crisis política, económica y social que atraviesa el país desde la Restauración monárquica iniciada por Cánovas del Castillo en 1876.  


La crítica social se lleva a cabo mediante unos personajes que se convierten en estereotipos de una época, de modo que cada uno de ellos encarna un determinado concepto. Bernarda defiende un código moral basado en la posesión de la tierra, el matrimonio, la honra y el predominio moral del varón. Ella personifica la normativa masculina y conservadora imperante en la época, por la que el ejercicio de libertad individual se castiga con la locura (María Josefa) o con la muerte.El suicidio de Adela supone la forma extrema de rebelión, pero su desafío elimina cualquier afán de libertad para el resto de la familia.

Adela, por su parte, es la más joven y representa al “héroe trágico” de la tragedia griega. Su nombre significa “de carácter noble”. No se somete a la tiranía materna ni al destino que la sociedad le reserva dada su condición de mujer. El deseo de libertad de Adela emerge tanto en acciones mínimas, como en otras de mayor envergadura. Adela transgrede unas normas de conducta social para las que el concepto de “honra” se sustenta en la sumisión de la mujer y en la represión sexual.

Respecto a Bernarda, su nombre significa “con fuerza o empuje del oso”, de hecho,exalta su poder mediante un cetro similar al de Júpiter: “¡Qué pobreza la mía no llevar un rayo entre las manos!”. Al igual que en la tragedia griega, sus errores provocan la destrucción familiar; la hybris de Bernarda consiste en negar la realidad que se fragua alrededor, circunstancia advertida por Poncia. La obsesión de Bernarda por la limpieza (la honra) y por el blanco de las paredes (su apellido alude a lo blanco “Alba”) representan su excesiva preocupación por las apariencias. Tan es así que Bernarda asume los códigos sociales hasta el punto de acallar su dolor ante la muerte de su propia hija.

Pepe el Romano no aparece en escena, sabemos de su intervención por uno de los

efectos acústicos típicamente lorquianos: el silbido. Sin embargo, su estela invade por completo el mundo interior de la casa: proyecta casarse con angustias por su dinero, es amado secretamente por Martirio y mantiene relaciones amorosas con Adela. Se trata del elemento catalizador de las fuerzas latentes y términos como “corral” o “jaca” aluden a Pepe como símbolo de lo sexual. 

La obra, por lo tanto, comienza y termina con silencio y muerte, aspectos que Lorca

fusiona simbolizando la opresión mediante el silencio que, de no mantenerse,

desemboca indefectiblemente en la muerte. El personaje de Adela conjuga el

enfrentamiento a la autoridad y la liberación de las pasiones; exterioriza su ansia de

libertad a través de la elección del color verde en un vestido o mediante su negativa a coser junto con sus hermanas quienes, por el contrario, obedecen a Bernarda. Adela rompe el bastón de Bernarda (“¡Esto hago yo con la vara dominadora!”), acto de sublime catarsis propio del héroe de tragedia griega que desata su individualidad, porque se desmarca del mundo que le rodea y desobedece las normas fijadas por una moral contraria a las pasiones inherentes al ser humano.

Finalmente, cabe recordar que La casa de Bernarda Alba es considerada por la crítica como la obra maestra de Lorca y el cénit de su producción dramática. No en vano presenta en forma máxima y con la mayor intensidad dramática la lucha humana por defender el libre albedrío frente a la rigidez moral que coarta la individualidad que caracteriza a cada ser humano. Por añadidura, constituye la última obra escrita por Federico García Lorca, ya que ese mismo año, al estallar la Guerra Civil Española (1936), las fuerzas franquistas lo detuvieron y, diez días más tarde, el 19 de Agosto de 1936, lo fusilaron junto a un maestro de escuela republicano.

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