Apuntes para todos los estudiantes y cursos

En 1840 María Cristina dimitió de su cargo. Los sectores afines al progresismo dieron su apoyo al general Espartero

4.- LAS REGENCIAS Y EL PROBLEMA CARLISTA


A la muerte de Fernando VII heredó el trono su hija Isabel, de tres años. Su madre, María Cristina de Borbón, fue nombrada regente.Los partidarios de don Carlos, hermano del rey, iniciaron la primera guerra carlista.
María Cristina buscó apoyo en los liberales conservadores, comenzando la revolución liberal en España.

La primera reforma fue la nueva división Provincial. Desaparece la Mancha y se conforman las actuales de nuestra comunidad castellano-manchega. Tras un gobierno de transición fue nombrado jefe de gobierno Francisco Martínez de la Rosa, promulgando el Estatuto Real en 1834. No aceptaba el principio de soberanía nacional y la separación de poderes. Las cortes estaban formadas por dos cámaras: la de próceres (Nobleza, clero, altos mandos militares y otros), nombrados por el monarca y la de procuradores, votados por personas con ingresos altos. Los liberales progresistas provocaron motines y revueltas apoyándose en los sectores populares y la milicia nacional.

Una epidemia de cólera vino a agravar la situación. Hubo asaltos a los conventos y matanza de religiosos en el verano de 1835 y María Cristina nombró jefe de gobierno a Mendizábal, liberal progresista.
Éste inició la reforma del estatuto real y Decretó la desamortización de los bienes del clero para conseguir recursos financieros para armar un ejército contra los carlistas. María Cristina lo destituye en Mayo de 1836.

Una nueva rebelión progresista de la Guarnición de la Granja, obligó a la reina madre a volver a llamar a los progresistas (Calatrava), a la vez que accedía a restablecer la Constitución de Cádiz. Entre Agosto de 1836 y finales de 1837 los progresistas realizaron su programa liberal: reforma agraria liberal a través de la disolución del régimen señorial y la desamortización. Mendizábal decretó la disolución de las órdenes religiosas y la incautación de sus bienes. Se pretendía obtener recursos; explotar tierras de latifundios mal aprovechadas; crear una clase fiel al régimen y solucionar el mal reparto de la propiedad agraria dando tierras a campesinos sin tierra. La nueva constitución de 1837, reconocía el principio de soberanía nacional, una declaración de derechos amplia, división de poderes y estado aconfesional. El poder legislativo estaba integrado por dos cámaras: un Senado elegidos por el rey, y un congreso, elegido por sufragio censitario. El rey tenía veto de leyes de forma definitiva… 

El modelo político se vio mediatizado por los militares que aumentaron su poder por las guerras carlistas. Los progresistas, perdieron las elecciones de Septiembre de 1837. Los moderados obtuvieron la mayoría y pasaron a formar un gobierno que llevó acabo: una ley electoral más restrictiva, limitación de la libertad de imprenta, la ley de ayuntamientos que permitía a la corona nombrar a los alcaldes de las capitales de provincia. Esto provocó un movimiento insurreccional contra el gobierno de María Cristina que, dimitíó como regente.

Los progresistas apoyaron al general
Espartero, vencedor de la guerra carlista (1841-1843). Espartero actuó con un marcado autoritarismo. Gobernó sin más colaboraciones que una camarilla de militares afines, conocidos como los Ayacuchos.       Una de sus actuaciones fue la aprobación, en 1842, de un libre arancel para los tejidos ingleses, lo cual perjudicaba a la industria catalana. Esto provocó un levantamiento en Barcelona. Espartero mandó bombardear la ciudad hasta conseguir su sumisión. Los moderados realizaron conspiraciones encabezadas por los generales Narváez y O’Donnell. Espartero abandonó la regencia y las cortes adelantaron la mayoría de edad de Isabel II y la proclamaron Reina a los 13 años.

Durante la regencia de María Cristina tuvo lugar la primera guerra carlista (1833-1840). Carlos María Isidro se proclamó rey el mismo día de la muerte de Fernando VII con el nombre de Carlos V.

El carlismo defendía el mantenimiento del absolutismo y los fueros tradicionales de vascos y navarros. Contó con el apoyo del clero, y una parte de la pequeña nobleza agraria y los campesinos. El movimiento arraigo en Vascongadas, Navarra, Aragón, la Cataluña interior y el Maestrazgo. Ciudades como Bilbao, San Sebastián, Vitoria y Pamplona se mantuvieron fieles a la reina. El Carlismo de Castilla la mancha tuvo especial incidencia en Talavera, los montes de Toledo, Guadalajara, Cuenca y Albacete. Los líderes más importantes del carlismo fueron los generales Zumalacárregui, Cabrera y Maroto. En un primer momento la guerra se estabilizó en el norte en donde Zumalacárregui tomo varias poblaciones, pero no consiguió tomar Bilbao, donde murió. En Levante y Aragón la actividad fue en plan guerrilla.

En el Maestrazgo, Cabrera consiguió dominar amplias zonas. Los isabelinos derrotaron a los carlistas en Luchana, gracias a Espartero. Los carlistas iniciaron una nueva estrategia llevando acabo expediciones a otras regiones pero sin resultados.

La debilidad del carlismo provocó una división entre los transaccionistas, partidarios de llegar a un acuerdo con los liberales, y los intransigentes, defensores de continuar la guerra. Maroto, jefe de los transaccionistas acordó la firma del convenio de Vergara (1839), con el general Espartero: se manténían los fueros en estas regiones y se permitía la integración de los oficiales carlistas en el ejército real, a cambio de reconocer a Isabel II como heredera.

Cabrera resistíó en el Maestrazgo hasta 1840. Las consecuencias de esta guerra fueron la inclinación de la monarquía hacia el liberalismo y el protagonismo de los Militares en política.

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