Apuntes para todos los estudiantes y cursos

15.2. La consolidación del régimen franquista. Las transformaciones económicas: de la autarquía al desarrollismo. Los cambios sociales

11.2 POLÍTICA ECONÓMICA DEL FRANQUISMO: DE LA AUTARQUÍA AL DESARROLLISMO. TRANSFORMACIONES SOCIALES: CAUSAS Y EVOLUCIÓN.


Tras la Guerra Civil, el franquismo practicó en materia económica una política autárquica, que pretendía convertir a España en una nacíón autosuficiente. Esta política acarreó una desproporcionada intervención del estado en la vida económica. Las consecuencias fueron nefastas, pues los índices de producción se mantuvieron por debajo de los pre-guerra. El hambre y racionamiento se prolongaron durante toda la década de los 40. Los índices de producción industrial permanecieron igual de hundidos, al igual que los niveles de renta per cápita y nacional. En medio de un país hambriento surgíó todo un entramado de intereses y enriquecimientos fáciles, y se generalizaron el mercado negro y la corrupción. El país entero se acostumbró a vivir con las recomendaciones, los certificados de buena conducta, la vigilancia policial y la imposibilidad de tener un empleo o emprender un negocio si no se contaba con medios suficientes para abrirse paso en la compleja red de influencias organizada desde la cúspide del estado.


En 1951, Franco decide proceder a una remodelación de su gobierno.
El nuevo gabinete se caracterizaba por ser una combinación de falangistas y católicos, pero con un peso mayor de estos últimos, y por la introducción de personalidades no tan comprometidas con los principios más autoritarios (Joaquín Ruíz Jiménez). Los falangistas siguieron teniendo parcelas de poder (Ministerio de Trabajo), del mismo modo que los militares y se introdujo una persona que sería clave en la continuidad del régimen, Carrero Blanco. Con estos cambios, el régimen pretendía conseguir una cierta homología internacional que le permitiese poner fin al aislamiento y conseguir algunos éxitos en la política exterior.


Las ayudas económicas recibidas entre 1953 y 1956 (Estados Unidos) no consiguieron salvar la angustiosa situación económica del país y en la calle, empezaran a surgir los primeros síntomas de descontento.


Entre 1956 y 1958, se desarrollaron una serie de revueltas obreras pidiendo mejoras salariales, principalmente en las empresas metalúrgicas y químicas. Igualmente se produjeron los movimientos de disidencia estudiantil en Madrid y Barcelona.


La crítica situación económica y social y las nuevas relaciones internacionales del régimen (llegada del presidente Eisenhower, a España en 1959) obligaron a Franco a hacer un nuevo cambio de gobierno. En la remodelación del gobierno de 1957, entraron como ministros hombres procedentes de la institución católica “Opus Dei”, llamados tecnócratas. Este equipo (López Rodó) diseñó el Plan de Estabilización de 1959 y fue también el artífice del crecimiento económico de los años 60.


Desde el 1957 hasta comienzos de los 70, los ministerios de economía se entregaron, por lo general, a hombres procedentes del Opus Dei. Su objetivo fue liberalizar la economía española e integrar a España en el mercado capitalista occidental. En 1957, Ullastres vuelve con el FMI con un plan para solucionar viejos problemas económicos (inflación y déficit comercial exterior). El Plan de Estabilización inicia una política económica que trata de sanear, liberalizar y racionalizar la economía española (devaluación de la peseta por hacerla competitiva, mayor apertura al comercio exterior, entrada de inversiones extranjeras, despliegue industrial, emigración masiva campo-ciudad y emigración exterior y expansión del turismo).


Los planes de desarrollo (López Rodó) concretan la política gubernamental. Se trataba de conseguir, en periodos de 3 años, una serie de objetivos de crecimiento en sectores clave, mediante incentivos fiscales, ayudas a las exportaciones y subvenciones estatales.


España abandona el subdesarrollo a lo largo de los años 60; disminuye el sector agrario (42 al 25%), aumenta el industrial, el nivel de vida y con ello, el consumo. El desarrollismo fue un elemento fundamental de propaganda del régimen, pero el crecimiento económico y el bienestar no se repartieron por igual.


El milagro español fue más efectista que real y aprovechó la buena coyuntura económica internacional de esos años debido al crecimiento caótico y desordenado de las ciudades, de barrios periféricos mal construidos y sin infraestructuras, al destrozo ecológico de las costas por rascacielos turísticos y el afianzamiento de desigualdades entre regiones.


Las más importantes consecuencias sociales fueron:

  • El desarrollo de las clases medias.

  • El descenso de la población rural (se dirigíó a Madrid, Cataluña y Valencia donde surgieron suburbios y ciudades dormitorios, sin planificar e infradotadas de servicios) casi al mismo tiempo que aumentaba la urbana.

  • Aumentó la población escolarizada y aumentaron las inversiones del Estado en el sistema educativo (declina del poder de la Iglesia en la educación(Ley de Villar Palasí 1970)y se proclama la enseñanza obligatoria hasta los 14 años, y el BUP).

  • La emigración al exterior (1,5 M de personas).

Las referencias culturales que recibía la población, cada vez más secularizadas, amenazaban con erosionar el modelo socio.Religioso del nacional-catolicismo. A este cambio contribuyeron 3 fenómenos:

  • El turismo.

  • El conocimiento del exterior, los viajes y el regreso de emigrantes.

  • Los cambios en el interior de la Iglesia (Concilio Vaticano), la Ley de Libertad religiosa de 1967 elimina la discriminación por credo religioso.

En resumen, la época del desarrollismo favorecíó el progreso social y el cambio de pautas culturales y, lejos de fortalecer el régimen, lo debilitó desde el punto de vista político e ideológico.


En el contexto de transformación económica y social, el franquismo intentó modernizar su estructura política mediante una apertura sin cambios democráticos y una reforma de sus instituciones que asegurasen su continuidad.


La ascensión política del almirante Carrero Blanco significó el reforzamiento del gobierno de los tecnócratas del Opus Dei, en detrimento de las familias tradicionales del régimen (falangistas, militares y católicas de la ACDP) aunque siempre se intentó mantener un cierto equilibrio entre ellos.


Los sucesivos gobiernos a partir de 1962 incorporaron a nuevos ministros de carácter tecnocrático (López Rodó) y a jóvenes falangistas reformistas (Fraga Iribarne). El objetivo de estos gobiernos se orientó hacia la promoción del desarrollo económico, pero también hacia una renovación política que implicase la modernización de la administración, la legislación y las instituciones.


Las reformas legislativas más representativas de esta etapa fueron:

  • La aprobación de la Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958) que recogía los principios básicos del franquismo, alejándose del totalitarismo de los primeros años, pero rechazando la democracia. El régimen se definiría como una monarquía católica, social y representativa; y la creación del Tribunal de Orden Público, que remitía los delitos políticos a esta jurisdicción civil, aunque ello no significó una disminución de la represión.

  • Años más tarde, se promulgó la Ley de Seguridad Social, que amplió los mecanismos de cobertura social con cargo al Estado.

  • En 1966 Fraga promovíó una Ley de Prensa que suprimíó la censura previa. En 1969 se produjo un escándalo financiero, el Asunto Matesa (empresa maquinaría textil conectada con el entorno del Opus Dei) difundido por la prensa. Los sectores más inmovilistas culparon a la apertura informativa, lo que provocó una crisis gubernamental y el establecimiento de un gobierno monocolor tecnócrata.

  • En 1967 la Ley de Libertad Religiosa reconocía la igualdad de todas las religiones y la libertad de práctica.

  • En 1967 se aprobó la Ley Orgánica del Estado, que hizo las veces de una pseudo constitución, y prepara el postfranquismo (separó la Jefatura del Gobierno de la Jefatura del Estado) y fue votada en referéndum, permite la elección de una parte de los procuradores por los cabezas de familia y mujeres casadas.

  • En 1969, y de acuerdo con lo estipulado en la Ley de Sucesión, Franco designó a Juan Carlos de Borbón como su sucesor. Sea como sea, aunque el nombramiento de Juan Carlos resolvía por el momento el problema de sucesión de Franco, no resolvíó la lucha de poder con la relación a la naturaleza del futuro régimen. Las divisiones entre aperturistas e inmovilistas.

No se permite realizar comentarios.