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Intelectualismo moral socrático resumen

Hijo de escultor y comadrona, Sócrates nacíó en Atenas el año 470 a. De C. No escribíó ninguna obra, tal vez porque consideraba que el diálogo, la comunicación directa e interpersonal, es el único método válido para la filosofía. Ciudadano ejemplar, fue acusado de impiedad y condenado a morir el año 399 a. De C. Pudo huir, pero prefirió obedecer las leyes de la ciudad y morir. Bebíó la cicuta tras charlar larga y tranquilamente con sus amigos sobre la inmortalidad del alma.

Sócrates fue un personaje perteneciente al ambiente filosófico y cultural de los sofistas, aunque los que combatíó enérgicamente. Con ellos comparte su interés por el hombre, por las cuestiones políticas y morales, por la vinculación de éstas al problema del lenguaje. De ellos se distingue fundamentalmente en tres aspectos:

A)No cobra por sus enseñanzas


b)Adopta un método totalmente opuesto (los sofistas preferían pronunciar largos discursos y comentar textos de autores antiguos). Sócrates rechaza ambos métodos; los largos discursos porque impiden discutir paso a paso las afirmaciones del orador, y los textos antiguos porque no es posible preguntar a sus autores, éstos no pueden ofrecer aclaraciones sobre lo que escribieron. A la vista de estas objeciones, es claro que el único método válido para Sócrates ha de ser el diálogo (de ahí que se hable de dialéctica socrática)

C)Aporta a los temas político-morales unas soluciones radicalmente nuevas

Sócrates combatíó a los sofistas, amigos de los grandes discursos, cargados de oratoria y demagogia, que servían más para manipular y engañar que para enseñar, hacían alusiones constantes a escritos antiguos, elevando a verdad el criterio de autoridad, según los intereses, sin dar pie a la discusión. Los sofistas buscaban convencer a los oponentes con sus discursos grandilocuentes, alcanzando así la popularidad, el éxito social, que les permitía conseguir poder y grandes sumas de dinero. Frente a la retórica sofista, Sócrates propone el diálogo como único método válido de enseñanza. Carácterísticas de su forma de entender y practicar el diálogo son la ironía y la mayéÚtica.
La ironía, primera parte del método socrático (la dialéctica), tiene como finalidad llegar al reconocimiento de la propia ignorancia por parte del interlocutor, poder alcanzar el  «sólo sé que no sé nada» y que pone en predisposición para poder aprender; la mayéÚtica (“ayudar a dar a luz”, arte que decía heredado de su madre) es la segunda parte, se inicia una vez reconocido que no se sabe, consistía en hacer preguntas de modo que fuera el interlocutor quien acabara sacando de sí mismo las formulaciones correctas sobre el tema en cuestión. Pues, como afirmaba Sócrates, el verdadero conocimiento surge del interior.

Al considerar anteriormente la teoría convencionalista de los sofistas, subrayábamos cómo estos filósofos insistían en la falta de unanimidad de los hombres respecto de qué es lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, lo loable y lo reprensible. El relativismo, actitud general de los sofistas, quedaba así consagrado respecto de los conceptos morales. A Sócrates no le satisfacía este relativismo. En efecto, pensaba Sócrates, si cada uno entiende por justo y por bueno una cosa distinta, si para cada uno las palabras «bueno» y «malo», «justo» e «injusto» poseen significaciones distintas, la comunicación y la posibilidad de entendimiento entre los hombres resultará imposible. La tarea más urgente es la de restaurar el valor del lenguaje como vehículo de significaciones objetivas y válidas para toda la comunidad humana. Para ello se hace necesario tratar de definir con rigor los conceptos morales (justicia, etc.), empresa a la que Sócrates dedicó afanosamente su vida.

Es, pues, necesario definir con precisión los conceptos para restablecer la comunicación y hacer posible el diálogo sobre temas morales y políticos. Es necesario definirlos con exactitud, además, por una segunda razón: y es que, según Sócrates, solamente sabiendo qué es la justicia se puede ser justo, solamente sabiendo qué es lo bueno se puede obrar bien. A esto se denomina intelectualismo moral, que puede ser definido como aquella doctrina que identifica la virtud con el saber.

Comencemos señalando que los griegos solían distinguir dos ámbitos generales en el saber: el saber teórico o teorético (theoríaconocimiento meramente contemplativo) 
y el saber de tipo práctico (encaminado a la acción). 
Dentro de este último distinguían, a su vez, los saberes encaminados a la producción (poíesis) de objetos (conocimiento técnicos) y el saber encaminado a regular la conducta (praxis)
 individual y social (conocimiento político-

Moral

. La relación existente entre estos tipos de saberes fue analizada de muy distinto modo por los filósofos griegos.  

Sócrates, por su parte, tomó siempre el saber productivo, técnico, como modelo para su teoría del saber moral

Cualquier saber técnico (ingeniería, arquitectura, medicina, etc.) podría servir como ejemplo un zapatero, aquel que hace zapatos y que los hace bien, se entiende; cualquiera puede intentar hacerlos, pero seguramente los hará mal. Zapatero es el que los hace bien y cuanto mejor los haga, mejor zapatero será.  Ahora bien, es evidente que solamente es capaz de hacer zapatos aquel que sabe qué es un zapato, cuáles son los materiales a utilizar y la forma de ensamblarlos

Una consecuencia notable del intelectualismo moral es que en esta teoría no hay lugar para las ideas de pecado y de culpa. 
El que obra mal no es en realidad culpable sino ignorante. Un intelectualismo moral llevado a sus últimas consecuencias traería consigo la exigencia de suprimir las cárceles: al ser en realidad ignorantes, los criminales habrían de ser enviados no a la cárcel, sino a la escuela. En el complejo y actual debate en torno a esta cuestión, un intelectualismo radical llevaría a tomar partido decididamente por esta última.

El intelectualismo moral no es una doctrina exclusivamente socrática. Es, en líneas generales, la forma griega de entender la moral. 
Platón lo acepta claramente cuando identifica culpa con ignorancia. Aristóteles suaviza ligeramente el intelectualismo, si bien sigue aceptando el papel fundamental que el saber juega para la virtud: saber qué es la justicia es necesario, aunque no sea suficiente, para ser justo.




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