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TEMA IV: ARISTÓTELES 

Introducción: una filosofía basada en la observación:

Aristóteles es sin duda el más aventajado de los discípulos que tuvo Platón. Pasó más de 20 años estudiando junto a su maestro en la Academia. Aristóteles sigue la filosofía platónica, pronto comenzó a separarse de ella, a rechazarla y criticarla, para cultivar su propio modo de pensamiento.

Con Aristóteles se inicia la época helenística en la historia de la Filosofía: es una época caracterizada por el Imperio de Alejandro Magno, quien difunde la cultura griega por Oriente Próximo y Persia. Y será precisamente Aristóteles el último gran filósofo sistemático de la Antigüedad; “el Filósofo”

El pensamiento aristotélico se caracteriza por los siguientes factores:

a.Una gran amplitud de intereses que abarcan desde la biología a la metafísica, pasando por la astronomía y la psicología.

b.Los conocimientos especializados se desarrolla a partir de la observación. Esto marca la primera gran diferencia con la filosofía platónica, claramente idealista.

c.La originalidad en la creación de nuevos términos científicos y filosóficos. Elconcepto de sustancia (ousía).

Se trata en definitiva de una especie de “científico” de la Antigüedad, un pensador que adopta un método que basa la elaboración de teorías generales en la observación y la contrastación de las hipótesis.

Vida y obra de Aristóteles:

Vida (384 – 322 a.C.):

Aristóteles nacíó en la ciudad de Estagira, en Tracia, por eso a veces se le suele citar como “El Estagirita”. La profesión de su padre seguro que influyó en el carácter empírico y observador que más tarde tendrá la filosofía aristotélica.

Cuando tenía 17 años fue enviado a Atenas para estudiar en la Academia de Platón, donde permanecíó durante 20 años, justo hasta la muerte de su maestro en el 347 a. C. Aristóteles se trasladó entonces a Asos, en el Asía menor; allí se casó y en el 342 a.C. Fue llamado a la corte de Macedonia para encargarse de la educación del futuro Alejandro Magno, quien entonces contaba con 13 años de edad.

Una vez concluido su trabajo volvíó a Atenas, donde fundó una institución dedicada a la enseñanza de la filosofía y de otras disciplinas, al estilo de la Academia platónica. A esta institución se le dio el nombre de Liceo, por estar situada en las inmediaciones de un templo dedicado a Apolo Licio. El Liceo se diferenció pronto de la Academia en la menor importancia que daba a las disciplinas matemáticas, así como en el carácter empírico y más especializado de las investigaciones que allí se llevaban a cabo. Uno de los alumnos más importantes de Aristóteles fue Teofrasto, que sistematizó y ordenó la ingente obra aristotélica. El Liceo se parecía más aún a una universidad actual, con individuos que trabajan en equipo de manera organizada, en ámbitos diversos, para después publicar sus hallazgos.

A los que estudiaban en el Liceo también se les llamaba peripatéticos, porque Aristóteles acostumbraba a dar sus clases dando paseos debajo de un pórtico cubierto.

Tras la muerte de Alejandro Magno, en el 323 a.C., se despertó en Atenas una fuerte reacción antimacedónica. Para evitar las represalias Aristóteles decidíó abandonar la ciudad para que esta última no cometiese “un segundo pecado contra la filosofía” – , refugiándose en Calcis, en la isla de Eubea, donde finalmente fallecíó un año después.

Obras:

Aristóteles dedicó su vida al estudio y la investigación, con lo cual no debe sorprendernos que su obra sea muy

extensa. Las obras que conservamos son los apuntes que nuestro autor utilizaba en sus clases. Se les da el nombre de obras esotéricas. El estilo resulta difícil y algo abstruso y suelen dividirse por temas:

a.Escritos sobre Lógica: De la interpretación, Tópicos, etc.

b.Escritos sobre Física y sobre biología: la famosa Física, Del movimiento de los animales, Meteorológicos…

c.Escritos sobre Ética y Política: destacan en este caso la Ética a Nicómaco y la Ética a Eudemo. También la Política (Politeia).

d.Escritos sobre Arte: la Retórica y la Poética. De esta última solo conservamos la primera parte, dedicada a la tragedia; se supone que existe una segunda parte donde Aristóteles analizaba la comedia. Con esta pérdida juega precisamente Umberto Eco en su novela El nombre de la rosa, cuya trama se desarrolla en una abadía medieval.

  LA METAFÍSICA 

De todos modos la obra más importante de Aristóteles es Metafísica, trata de temas sobre el ser y sus categorías, precisamente de temas metafísicos… Pero el nombre en realidad viene de la ordenación de las obras llevada a cabo por Andrónico de Rodas en el siglo I a.C. Como no sabía muy bien dónde colocar los libros que trataban de esos temas generales de Filosofía, los puso detrás de los que trataban de Física, y simplemente los catalogó así: Metá ta Physiká, o lo que es lo mismo, lo que está más allá de (los libros de) la Física. Curioso origen para una palabra que después se ha ido cargando de significado y que hoy día representa una de las palabrejas más técnicas de la Filosofía.


Teoría de la Sustancia. Hilemorfismo:

La ontología de Aristóteles. Para Aristóteles no existe más mundo que este que percibimos a través de los sentidos, el mundo de nuestra experiencia cotidiana. El mundo inteligible de Platón, poblado por Ideas universales, perfectas, únicas… simplemente no existe.

El análisis ontológico de Aristóteles será en consecuencia más empírico, tratará de explicar aquellos objetos que vemos a nuestro alrededor y de los que podemos tener experiencia. Para él solo existen los objetos particulares, los individuos concretos que están ahí con cada uno de nosotros (y nuestro cuerpo), no unas supuestas Ideas, inmateriales, universales y solo accesibles a través de la inteligencia.

Y la disciplina encargada de llevar a cabo esta tarea, es la Metafísica, que Aristóteles define como la “ciencia del ser en cuanto ser”: esto significa que la metafísica trata de estudiar el ser en sí mismo, en cuanto que es algo y no una parte determinada suya.

Por eso dice Aristóteles que “el ser se dice de muchas maneras”, porque podemos hablar de las cosas que hay a nuestro alrededor desde muchos puntos de vista: desde el punto de vista de la biología, del de la matemática, del de la física, etc.

¿Y como sería el análisis desde distintos puntos de vista del ser humano, como una parte del ser…?

Para analizar el ser desde este punto de vista general de la metafísica, Aristóteles introduce dos conceptos que después han sido muy importantes en la historia de la filosofía: sustancia y accidente. Si usamos la expresión anterior también podemos afirmar que el ser se dice unas veces como sustancia y otras como accidente.

a. Sustancia: es la categoría que define lo más importante y esencial de cada individuo. También sirve para referirnos a los rasgos que ese individuo tiene como algo único, particular, irrepetible y a sus rasgos universales, distinguimos entre:

a.1). Sustancia Primera: con ella nos referimos al individuo como algo único, particular, irrepetible…, podemos encontrar dos elementos:

a.1.1). Materia: es decir la materia física de la que está hecho el propio individuo.

a.1.2). Forma: especie o clase general a la que el objeto o individuo pertenece. La forma nos

sirve para marcar la parte universal del objeto, el conjunto de rasgos que tiene en común con muchos otros como él.

La materia es lo que verdaderamente hace individual al objeto, lo que lo distingue de los demás y marca su sustancia primera.

Debido a la distinción de materia y forma, a la ontología de Aristóteles también se le llama hilemorfismo; de los términos griegos hyle (materia) y morphé (forma).

a.2). Sustancia Segunda: La sustancia segunda es la forma, por tanto, según hemos dicho, los rasgos universales del sujeto, los que comparte con otros individuos de su misma clase o especie.

Lo que hace Aristóteles en realidad es indicar dos modos de estudiar las cosas del mundo; o bien las vemos como objetos individuales, totalmente únicos, o bien las vemos como formando parte de una clase, de un grupo y con rasgos comunes a otros objetos. La sustancia primera y la sustancia segunda no son dos partes físicas diferentes de un mismo individuo, sino más bien dos maneras de analizar un mismo objeto, dos perspectivas desde las que verlo.

Los accidentes de esa sustancia:

b. Accidentes: son cualidades secundarias que acompañan a la sustancia y que sirven para definirla mejor. Los accidentes, como su propio nombre indica, no son cualidades necesarias de la sustancia, pueden darse o no, pueden dar se unos u otros, sin que ello afecte a la definición y a la existencia de la sus tancia.

Algunos de los accidentes de los que habla Aristóteles son, por ejemplo: lugar (“en el Liceo, en el instituto… ”), tiempo (“a las 3, a las 4:30”, etc.), posición (“sentado, de pie, a la pata coja”), acción (lo que el individuo está haciendo en ese momento: “correr, dar limosna, hablar…”), pasión (aquella acción que se está realizando sobre la sustancia: “está siendo escuchado, rociado con gasolina, aplaudido, etc.”).

La explicación del cambio. Potencia y Acto:

Aristóteles, anota que todas las cosas de nuestra experiencia se mueven y cambian. La Filosofía no debe negar sin más el cambio, sino explicarlo como una realidad más.

En primer lugar Aristóteles distingue dos tipos generales de cambio:

1. Cambio sustancial: consiste en la destrucción o generación de una sus tancia (el nacimiento o la muerte de un animal por ejemplo).

2. Cambio accidental: es el cambio en cualquiera de los accidentes que afectan a una sustancia: de lugar, de tiempo, de posición, de acción, etc.

Aristóteles se dedica a analizar cómo cambian las cosas naturales, qué proceso siguen desde que comienzan a cambiar hasta que terminan de hacerlo. La conclusión a la que llega es que en general cualquier cambio, sea del tipo que sea, puede ser visto como un paso de la potencia al acto.

a. Potencia: Decimos que algo está en potencia respecto de realizar una acción o tener una determinada cualidad, cuando tiene la posibilidad de hacer una de esas cosas, realizar la acción o tener esa cualidad.

Las potencias de un individuo, las posibilidades que tiene, siempre vienen marcadas por la forma. Es la forma del objeto, la especie o clase a la que pertenece la que marca las posibilidades que puede tener ese objeto, porque en esa forma tenemos la información de lo que puede o no puede hacer, de los rasgos universales que

puede alcanzar.

b. Acto: Decimos que algo está en acto respecto de una acción o una cualidad cuando está realizando esa acción o teniendo esa cualidad en el mo- mentó actual, ahora. El acto es siempre el fin al que tiende la potencia.

Para Aristóteles el cambio de los objetos naturales no es más que el paso de la potencia al acto. Cuando los seres naturales cambian no hacen más que realizar o actualizar las posibilidades que tienen.

Por otro lado sucede que para pasar de la potencia al acto necesitamos de algo que ya esté en acto.

El acto es el fin propio de la potencia, aquello a lo que tiende como parte de su impulso natural, según la forma que tenga, por supuesto.

Según el Estagirita, todo lo que existe en la Naturaleza está en una permanente mezcla de potencia y acto. En efecto, todo lo que nos rodea y nosotros mismos, somos algo concreto, realizándose, en un determinado momento y tenemos en ese mismo momento muchas posibilidades que realizar. Ahora somos, en acto, estudiantes de segundo de bachillerato, y al mismo tiempo somos médicos o aboga- dos en potencia. Solo hay una cosa en la Naturaleza que sea acto puro sin nada de potencia: Dios.

El concepto de Dios en Aristóteles es muy importante, es una parte más de la Naturaleza, una hipótesis que debemos aceptar para que el orden de la misma siga teniendo sentido, pero sin que intervenga en el devenir del mundo ni en la vida de los hombres. En la cualidad que nos ocupa ahora, la de la actualidad, Dios es acto puro porque no tiene posibilidades que cumplir, puesto que es total y absolutamente perfecto. Por eso, por ser perfecto, no le queda nada por hacer, ninguna potencia por actualizar.

Dios = ACTO PURO.

Las cuatro causas:

Cualquier explicación científica de un fenómeno natural es según Aristóteles una explicación de tipo causal.

Sin embargo la noción de causa que tiene Aristóteles es más amplia que la nuestra. Aristóteles distingue cuatro causas diferentes algunas de ellas incluirán los conceptos de materia y forma. Estas cuatro causas son:

1.Causa material: es la materia física, el material, del que está hecho el objeto

2.Causa formal: es la forma del objeto, la especie o clase universal a la que pertenece

3.Causa eficiente: sería lo que hoy entendemos por causa, aquello que provoca directamente el cambio en el objeto, lo que lo transforma o produce en un momento determinado.

4.Causa Final: es el fin al que tiende el individuo, aquella finalidad inmanente que busca de manera natural

La causa formal y la causa final se identifican, el fin de cada ser natural es cumplir su forma de la manera más perfecta posible: el fin de todo ser humano.

Causa formal = causa final.

Dios = SUPREMA CAUSA FINAL

Otra de las responsabilidades del Dios aristotélico es facilitar el movimiento del universo, el movimiento de los distintos cuerpos celestes en torno a la Tierra; nuestro autor entiende el universo como una sucesión de esferas concéntricas, con la Tierra en el centro de todas ellas. Las distintas esferas representan a la Luna y al resto de planetas conocidos en la época, de tal modo que su movimiento explica el movimiento observado de dichos planetas en el cielo nocturno.

La última de esas esferas es la llamada “esfera de las estrellas fijas” y por fuera de esa esfera está Dios. Las esferas se mueven porque la esfera de las estrellas fijas quiere imitar la perfección de Dios y solo puede hacerlo movíéndose en círculo (el movimiento más perfecto que existe); al hacerlo roza con el resto de esferas y transmite mecánicamente el movimiento.

Aristóteles afirma que Dios es el primer motor inmóvil, porque mueve todo el universo sin moverse Él, sin que Él experimente cambio ni movimiento alguno.

Dios = PRIMER MOTOR INMÓVIL

Teoría aristotélica del conocimiento:

La epistemología de Aristóteles se explica a partir del concepto de “nous”, que puede traducirse por “inteligencia” o mejor “entendimiento”. Sería la facultad que los seres humanos usamos para razonar y pensar; dando una explicación a la génesis del conocimiento, al proceso psicológico por el cual se forman en nuestra mente los conceptos que usamos para conocer el mundo.

El conocimiento empieza por los sentidos, por la experiencia; nuestra mente nace como una tabla en blanco (“tabula rasa” en su expresión latina) y que gracias a las experiencias del mundo que vamos teniendo esa tabla se va llenando de contenidos, de ideas y conceptos. Y en consecuencia el conocimiento de los objetos particulares que nos proporcionan los sentidos es el punto de partida para adquirir después los conceptos universales.

En el proceso de la formación de los conceptos intervienen dos tipos de entendimiento:

1.Entendimiento Paciente (nous pathetikós): es aquel que se encarga de guardar las imágenes de los objetos que proceden de los órganos de los sentidos. En esas imágenes hay conceptos pero están ahí en potencia, como una posibilidad latente.

El entendimiento paciente es individual y muere con el cuerpo.

2.Entendimiento Agente (nous poietikós): es el que se encarga de actualizar los conceptos del entendimiento paciente y de transformarlos en conceptos en acto.

El entendimiento agente es inmortal e idéntico en todos los seres humanos, porque no marca ninguna cualidad personal o de carácter, es simplemente la facultad de raciocinio y de formación de conceptos universales que todos tenemos.

Para Aristóteles Dios puede definirse como pensamiento que se piensa a sí mismo (nóesis noéseos), que en Dios no hay nada material ni físico, es puro pensamiento; pero por otro lado, Dios no puede pensar en nada que no sea Él mismo, porque al hacerlo se contaminaría de la imperfección de lo pensado. Como lo único absolutamente perfecto en la Naturaleza es Dios, entonces Dios solo puede pensar en Él mismo para seguir manteniendo intacta su perfección.

Dios = PENSAMIENTO QUE SE PIENSA A SÍ MISMO

Ética y política aristotélicas:

A)Ética: Aristóteles dio mucha importancia a la reflexión ética, que ya había ocupado por lo demás un lugar destacado en la filosofía de su maestro Platón. Aristóteles desarrolló su propia teoría ética, en gran parte distinta a la de Platón, en varios libros, sobre todo en el famoso Ética a Nicómaco, de gran influencia en la historia posterior de la filosofía.

Las principales carácterísticas de la ética de Aristóteles son las siguientes:

1.Es una ética teleológica: como gran parte de su concepción de la realidad, Aristóteles mantiene una visión teleológica de la reflexión ética, entiende que dicha reflexión se orienta principalmente a la búsqueda de un telos, de un fin.; el fin propio y exclusivo del hombre, aquel que está más de acuerdo con su naturaleza o, por decirlo en palabras de la ontología aristotélica, con su forma. El objetivo de la ética aristotélica será entonces encontrar la eudaimonía.

2.Por esa orientación hacia la felicidad, se dice que la ética aristotélica es una ética eudemonista, trata de encontrar la felicidad humana, que es precisamente el fin más propio de la vida de todos los seres humanos, lo que todos ellos buscan de un modo más o menos sabio. Será así mismo una ética de la vida buena, como la han llamado algunos filósofos contemporáneos, una ética que define la mejor forma de vivir la vida humana, que será también y al mismo tiempo, la forma de vivirla del modo más feliz posible.

3.La felicidad no se encuentra en la persecución del placer, puesto que quienes de modo natural se orientan exclusivamente hacia el placer, sin reparar en otra cosa, son los animales, las bestias. El placer existe en la vida humana y no hay que reprimirlo ni negarlo, sino aceptarlo y vivirlo con moderación, sin dejar que se convierta ni en el único ni en el principal motivo de nuestra vida. Si abusamos de él y no perseguimos otra cosa con nuestras acciones no estaríamos actuando de modo distinto al de cualquier bestia sin raciocinio, no seríamos humanos.

La felicidad tampoco está en las riquezas o en los honores, que son objetivos frágiles, volubles, secundarios, y que muchas veces no dependen de nosotros, de nuestras propias aptitudes o del esfuerzo que hayamos puesto al hacer las cosas, sino de la suerte o la opinión de los demás. La felicidad debe ser algo más profundo y enraizado en la naturaleza humana, no un simple añadido otorgado por la fortuna unas veces sí y otras veces no.

La felicidad humana debe encontrarse en el ejercicio de una actividad, precisamente de aquella actividad que sea propia y exclusiva del hombre y no de los animales, de aquella actividad que se corresponda perfectamente con la forma o naturaleza humana. Y si pensamos que solo hay una actividad, el pensamiento, la reflexión racional, que nos distingue esencialmente de los animales, pues entonces llegamos a la conclusión de que la actividad más propia del ser humano, y aquella que verdaderamente le conduce al fin último de la felicidad, es la actividad racional, el ejercicio de la razón.

A esa vida guiada por la razón la llama Aristóteles bíos theoretikós, o vida teorética, en el sentido de vida que piensa, que reflexiona antes de tomar decisiones y actuar.

LA VIRTUD, LA VIRTUD…

Según Aristóteles, el ser humano es un ser de costumbres, de hábitos. Tenemos muchos hábitos que hacemos de manera cotidiana y casi sin darnos cuenta.

Si llevamos ese mecanismo a las conductas morales, nos daremos cuenta de que un día podemos hacer una buena acción moral. Para que nosotros mismos y los demás puedan considerarnos buenas personas, buenas moralmente hablando, tenemos que repetir muchas veces la acción de prestar dinero a gente necesitada, hasta que ya lo hagamos como un hábito adquirido, como una costumbre casi automática de nuestra personalidad. Se dirá entonces, después de haber adquirido ese hábito, y por supuesto, después de ponerlo en práctica, que somos generosos, que tenemos un carácter generoso (éthos)designa, el carácter o la personalidad de alguien, definido a través de una conducta más o menos regular y definida.

Aristóteles resuelve esta cuestión asumiendo una definición general: la acción virtuosa es aquella que constituye un intermedio o equilibrio entre dos extremos, uno por exceso y otro por defecto. Es lo que los

autores latinos posteriores denominarán con la expresión in medio virtus, en el medio está la virtud. Esta definición nos conduce hacia las acciones virtuosas del siguiente modo: por seguir con nuestro ejemplo, tanto dar todo el dinero que uno tiene como no dar nada son excesos que hay que evitar, que no nos llevan a la felicidad ; en cambio, dar en su justa medida, con equilibrio y prudencia, sí que es una acción virtuosa que mejorará nuestro carácter y nos acercará a la felicidad. Tanto ser un avaro como ser un derrochador son actitudes negativas y contraproducentes; ser generoso es lo correcto, lo virtuoso, lo que nos lleva al bienestar de la felicidad.

Las virtudes se dividen en dos grandes grupos:

1.Virtudes Éticas: son aquellas cualidades que se corresponden con un carácter o éthos virtuoso, un carácter que tiene el hábito de repetir acciones virtuosas.

2.Virtudes Dianoéticas: la palabra dianoética remite a un término que ya conocemos, diánoia, «razón discursiva». Las virtudes dianoéticas son aquellas que se refieren al ámbito del conocimiento. Son cualidades intelectuales virtuosas o positivas, que ponen en juego las capacidades intelectivas más propias de los seres humanos, acercándonos, al hacerlo, a la consecución de la felicidad.

Las virtudes dianoéticas son tres, según Aristóteles:

1.El arte: consiste en la excelencia o destreza en una actividad productiva, preferentemente de carácter manual. . Cuando adquirimos el arte en alguna destreza manual estamos adquiriendo una virtud dianoética o intelectual, aunque sea en el grado más bajo que pueden alcanzar nuestras capacidades racionales. Bueno, es el primer paso…

2.La prudencia: es la virtud en el segundo ámbito donde utilizamos nuestro intelecto, en el ámbito de la ética o práctica. Ahí usamos nuestro conocimiento y nuestra razón para tomar decisiones adecuadas y convenientes para nuestra vida. Si somos prudentes esas decisiones nos llevarán por el camino de la felicidad.

3.La sabiduría: se refiere al tercer estadio del conocimiento, después de la producción y la práctica. Este tercer estadio es el de los conocimientos teóricos propiamente dichos, el estadio donde aprendemos la teoría que nos ayuda a distinguir lo verdadero de lo falso, el bien del mal. Es el grado más alto y depurado de conocimiento al que puede aspirar el ser humano, con lo que la sabiduría es también la virtud más elevada que podemos obtener a lo largo de nuestra vida.

Tanto la sabiduría como la prudencia son consideradas por Aristóteles imprescindibles para conseguir un estado último de verdadera felicidad humana.

B). Política:

La política de Aristóteles tiene un punto de partida muy claro, y es la llamada sociabilidad natural del hombre. El hombre es un ser sociable por naturaleza. El ser humano es un zoón politikón, un animal sociable o político. Para alcanzar nuestra forma de verdaderos seres humanos y nuestro fin, que es la felicidad mediante el ejercicio de la razón, es imprescindible que vivamos en comunidad con otros.

Por esa razón la ética y la política están unidas, porque la felicidad del individuo depende de la felicidad del grupo y viceversa. Somos animales gregarios, pero nos diferenciamos de otros animales gregarios. Ese rasgo no es otro que el lenguaje, al que Aristóteles atribuye una importancia capital, en la medida en que sobre todo nos sirve para transmitir; nuestras ideas sobre lo conveniente y lo inconveniente, y lo que es más importante si cabe, sobre lo justo y lo injusto.

La relación entre el individuo y el Estado es muy estrecha en Aristóteles, hasta el punto de que nuestra felicidad depende en buena parte de que el Estado funcione correctamente y distribuya la felicidad y la justicia entre todos nosotros, sus miembros y partes. Esta idea se conoce como organicismo social, puesto que el Estado se entiende como un gran organismo cuyas partes son los individuos o ciudadanos. El todo, el

Estado, no puede entenderse sin las partes que lo componen, los ciudadanos, y al revés.

Para Aristóteles, los intereses del Estado siempre son lo primero, están por encima de los intereses individuales o particulares. El organismo, el todo, debe sobrevivir y prosperar para que sus partes puedan hacerlo también. Por eso no es bueno que los individuos persigan solo sus propios objetivos particulares, sin preocuparse por el bien común.

Las formas de gobierno

La tipología de Aristóteles está basada en el análisis empírico de las constituciones políticas de las distintas ciudades – estado que existían en aquella época en Grecia. A partir de ese análisis se inducen conclusiones generales y se establece una clasificación de las distintas formas de gobierno que pueden encontrarse entre los seres humanos.

El modo en que Aristóteles ordena estas formas implica dividirlas en dos categorías: las formas positivas, que buscan

el bienestar del pueblo, y sus correspondientes corrupciones o perversiones, las cuales son negativas porque los

mandatarios solo buscan satisfacer sus intereses personales, no el bien del pueblo.

La mejor forma de gobierno, para Aristóteles, es la que mejor se adapta a las carácterísticas socioeconómicas que él veía en Atenas y otras prósperas ciudades-estado griegas: comunidades no demasiado numerosas, bien abastecidas, con gobiernos independientes… Para una comunidad así la mejor forma de gobierno es la Politeia, o Democracia. Nos referimos a la definición positiva de la democracia, en las cuales las leyes rigen las vidas de los ciudadanos y estos deciden su propia suerte en libertad, integrándose completamente con los destinos de todo el Estado y buscando por consiguiente el bien común.

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