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Realismo temas y géneros

El Naturalismo, tendencia que aparece en los últimos años del Siglo XIX, se aprovecha de las nuevas ideas científicas y las aplica en las obras. Los escritores consideran la sociedad como un enfermo que debe ser tratado según los nuevos métodos experimentales. El desenlace de la novela debe ser resultado de la observación del comportamiento de los personajes y de la experimentación con las causas que provocan sus actuaciones.

Tendencias literarias: realista y antirrealista

Tras la superación del movimiento Romántico, la literatura europea se orienta hacia dos tendencias principales, por un lado, aquella que tiene su objetivo prioritario en la representación de la sociedad y sus conflictos, que es la dominante en el período del que nos ocupamos en este tema; y, por otro, la de los autores que no desean ceñirse a lo real y reaccionan (mediante diversos procedimientos) contra la limitación artística que para ellos supone. La primera tendencia triunfa en la novela y en el teatro, mientras que la segunda lo hace en la poesía y en la obra de algunos narradores y dramaturgos en los últimos años del Siglo XIX.

·         Tendencia realista

El movimiento realista surge en Francia con Stendhal, que escribió sus novelas basándose en el análisis psicológico de los personajes y en la práctica de la observación. Según este autor, la novela debe ser “un espejo colocado a lo largo del camino”, que refleje de manera objetiva lo que sucede en la realidad circundante y lo presente ante la consideración del lector. Tras Stendhal, Balzac y Flaubert establecen el modo definitivo del arte realista, que se extenderá fuera de Francia hasta convertirse en la forma literaria dominante.

En el último tercio del Siglo XIX, el Realismo literario comienza a transformarse. Algunos escritores mantendrán la técnica realista en las descripciones exhaustivas, la ordenación lineal de los acontecimientos y la presencia de un narrador omnisciente, pero el contenido de sus obras abandonará la aparente objetividad o la preocupación social para dar entrada a nuevos valores, como la preocupación por el individuo y el sentido de la existencia. La evolución del Realismo produce la aparición de lo que se ha llamado Realismo espiritualista ruso en las obras de Dostoievski, Tolstói y Chéjov, más preocupados por el sentido de la vida que por el funcionamiento social. El Naturalismo de Emile Zola también supone la superación del Realismo, ya que el autor francés entiende el arte no como simple observación de la realidad, sino como un medio para explicar su funcionamiento e intentar de esa manera su transformación.

El escritor debe comportarse como un médico que aplica su método de diagnóstico sobre el cuerpo social enfermo, lo que justifica que se centre en los aspectos más desagradables de la realidad, y experimente con él para intentar encontrar su curación.

·         La reacción antirrealista

El Realismo trae como consecuencia una idea utilitaria de la literatura contra la que se levantan algunos escritores que piensan que la creación artística no debe reducirse a esa función. Esta idea es la que prevalece en el Parnasianismo francés, preocupado por encima de todo por la búsqueda de la perfección formal del texto literario. Algo después, el Simbolismo también se aparta del Realismo, al considerar la realidad material simplemente como punto de partida que permite al artista llegar a la verdad escondida tras lo aparente.

La novela en la segunda mitad del S. XIX

Los autores de la segunda mitad del Siglo XIX entienden que el género más adecuado a la nueva función de la literatura es la novela. Este género les permite aplicar las nuevas ideas filosóficas y científicas surgidas en esos años, y es fácilmente comprensible por el nuevo público lector, menos exigente desde el punto de vista técnico y preocupado por su tiempo medio social. En la novela del período que nos ocupa se aprecian dos tendencias (novela popular y novela de autor) que a menudo confluyen.

1-. Novela popular, va dirigida a un público que busca, ante todo, entretenimiento. En buena medida, esta tendencia es continuación de ciertos géneros de la narración romántica (Gótica, sentimental, fantástica), aunque desposeyéndola de los valores típicos del movimiento anterior: rebeldía, individualismo, defensa de la libertad, etc.

Entre los géneros más habituales en la novela popular destacan el folletín tremendista, dominado por la violencia, acción trepidante y asuntos escandalosos; el relato de aventuras y viajes; la narración policial, en la que se resuelven misterios gracias a la aplicación de conocimientos científicos; y la novela de anticipación, consecuencia de los constantes avances tecnológicos y de las transformaciones que éstos provocan en la vida de las personas.

2-. Novela de autor, junto a la novela de masas, algunos escritores optaron por una creación más cuidada y personal, aunque sin renunciar a llegar a un gran número de lectores. Esta tendencia, opta por una narración caracterizada por los siguientes rasgos:

    Narrador omnisciente, que no se limita al relato de la acción, sino que introduce comentarios y reflexiones de todo tipo.

El relato de la acción sigue un orden cronológico.

La realidad es el punto de referencia, lo que explica la abundancia y exactitud de las descripciones, así como la ambientación contemporánea de los argumentos.

    Las novelas se centran en la vida del personaje, explicada por sus relaciones con la sociedad en la que habitan

    Los temas tratados son el sentido de la vida, el poder del dinero o el conflicto entre el deseo de felicidad y la vida pública, aunque sin ofrecer soluciones ni pautas morales. El adulterio une a tres mujeres protagonistas de novelas

realistas, pero el camino que las lleva a él es diferente:   Emma Bovary de Flaubert. Ana Karenina de Tolstói. Ana Ozores, en La Regenta de Leopoldo Alas.

Stendhal (1783-1842)

Henry Beyle, nació en Grenoble en 1783. Bajo el pseudónimo autorial Stendhal, fue un insatisfecho y un disconforme. Marcado por un edipismo poco estudiado, tal vez por demasiado evidente, Beyle perdió a la madre adorada a los siete años, odiaba, como casi todos sus héroes, a su padre, y quedó vinculado a la familia materna, de procedencia italiana.

Su vida afectiva estuvo truncada desde la infancia y marcada por la búsqueda del amor, amando a muchas mujeres. Los momentos libres que le dejaba su trabajo le permitían viajar y escribir. Murió en 1842 de un ataque de apoplejía en París, donde se encontraba con ocasión de un permiso consular.

El Realismo se inicia con Stendhal, un autor cuyas novelas presentan elementos románticos evidentes, como el reflejo de las propias experiencias o del amor como desencadenante de la transformación de los personajes. Sin embargo, junto a los valores

románticos, introduce ya dos rasgos realistas: la importancia de la descripción minuciosa del paisaje real, desprovisto de sentido simbólico, y la inserción de los personajes en un momento histórico determinado, en una sociedad que funciona como marco y explicación de las historias individuales.

La gran característica de la escritura stendhaliana y, muy particularmente, de su narrativa, es su capacidad de contagio, el arte de apasionar al lector, de hacerle vivir un mundo imaginario y de conseguir que el crítico olvide la problemática de la expresión, las prescripciones del género, para dejarse sumergir en el juego de la ficción.

Su capacidad de comunicar reside en distintos aspectos, todos ellos fuertemente interrelacionados: la implicación personal del autor en su obra; una narrativa que revela un gran conocimiento del mundo y una fuerte conciencia histórica.

Del don de una mirada inteligente unida a una gran sensibilidad artística nacieron sus primeras obras: las vidas de músicos, Vida de Haydn, de Mozart y de Metastasio (1814); Vida de Rossini (1823); Historia de la pintura en Italia (1817) o Roma, Nápoles y Florencia (1817, 1827), obra en la que por primera vez firma con el pseudónimo de Stendhal.

La narrativa stendhaliana está centrada en unos héroes poderosamente individualizados, que poseen una auténtica “entidad psíquica”, lo que hace que los sintamos como seres vivos, y a los que acompañamos en sus cuitas llegando casi a olvidar que se trata de seres de ficción. También profundiza en un análisis amplio de los sentimientos y motivaciones de cada personaje. Por ello da el salto al Realismo y anticipa el psicologismo posterior.

En Stendhal peduran dos grandes novelas: “Rojo y negro” (1830) en la que el protagonista es un campesino que pretende ascender de clase social a base de intrigas y engaños enlazados al tema amoroso. “La cartuja de Parma” (1839) que tiene como fondo unas historias de amores en la Italia de los siglos XVI y XVII.

Honoré de Balzac (1799-1850)

El Realismo en estado puro llega de la mano de este escritor. Autor de más de 90 novelas que agrupó bajo el título “La comedia humana”. La intención del autor con esta obra es la de ofrecer un mosaico de la sociedad francesa de su tiempo. El novelista aspira a crear un mundo narrativo equivalente al real. “La comedia humana” está poblada por casi dos mil personajes que se repiten en unas y otras novelas, y cuyas vidas se entrelazan y superponen. El carácter de muchos de ellos está dominado por la codicia, el deseo de ascenso social y el egoísmo. El autor intenta encontrar las razones de sus comportamientos con el objetivo de extraer una lección útil para el futuro. Su obra se caracteriza por la verosimilitud. Para conseguirla, se vale de una serie de técnicas:

    Se apoya en la rigurosa documentación previa. Balzac quiere que sus novelas respondan a la verdad. Piensa que los seres humanos se diferencian en los detalles, lo que justifica la atención que presta a su descripción minuciosa.

    Entiende la novela como una caricatura de la realidad, y no como un reflejo de ella.

 El artista debe adaptar la “verdad natural” a la “verdad literaria”. Para ello, incluye episodios ficticios o mezcla distintas realidades para dotar de coherencia a la novela, ya que la realidad, la naturaleza, no siempre es coherente.

De sus novelas destacan dos: “Eugenia Grandet” (1833) y “Papá Goriot” (1834)

Émile Zola

Nació en París en 1840, hijo de padre italiano, antiguo oficial de artillería y posteriormente ingeniero civil que trasladó su residencia a Marsella. En 1858, la viuda del ingeniero se trasladó a París en busca de mejores perspectivas económicas; allí Émile se empleó, por poco tiempo, en una oficina de aduanas. En 1862 entró a formar parte de los empleados de la Editorial Hachette como empaquetador de libros. Esta humilde colocación supuso, sin embargo, el primer paso de su carrera literaria.

La afición poética de Zola se tradujo en una prolífica creatividad y en la osadía de hacer llegar a la mesa de su patrón uno de sus poemas. Se dice que aquél, halagado por tener un poeta entre sus empleados, aunque no le concedió el premio de publicarle, le trasladó, con un aumento de sueldo, al servicio de prensa donde el novel poeta conoció a personalidades de la talla de Taine y de Renan.

Desde entonces, Zola se planteó su futuro literario en términos profesionales: en 1864 vio publicados sus Cuentos a Ninan, claramente influidos por Musset. En 1868, con veintiocho años, publicó Teresa Raquin

Como Bazac, Zola también propuso crear su propia “comedia humana” en la que poder retratar literariamente todos los aspectos de la sociedad del momento. Émile Zola supera el Realismo en los últimos años del Siglo XIX con el Naturalismo. La teoría naturalista es puesta en práctica por el autor en un conjunto de novelas que estudian el mal funcionamiento social en sus aspectos más desagradables y violentos. El tema primordial de su obra es la denuncia de la sociedad francesa.

Para ello escribió una seria de 20 volúmenes titulada “Los Rougon-Macquart”, historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio (1871-1893).

Los Rougon-Macquart, su familia protagonista, caracterizada por el “desbordamiento de sus apetitos”, representan la “amplia agitación de nuestra época que se abalanza sobre los placeres”. La época es la del Segundo Imperio; los excesos, los habituales de una época de decadencia. Los Rougon-Macquart son, en consecuencia, “una epopeya pesimista de la naturaleza humana” que muestra, en lugar de caracteres libres, temperamentos conformados por taras hereditarias.

En cada una de las novelas que forman la serie, va abordando diversos temas: en “La taberna” (1887) trata el alcoholismo, y en “Germinal” (1885), recrea el mundo de las minas y las luchas obreras. Además en “Nana” (1880) escribe sobre el sexo; en “La falta del abate Mouret” (1875), sobre la Iglesia; en “La tierra” (1887), sobre los campesinos.

La moral, es definida por Zola como la búsqueda de las causas y su propósito de actuar sobre ellas. Conviene señalar que su intención moralizadora compromete a los legisladores, a los cuales pasa el testigo de realizar lo necesario para intervenir y modificar la realidad.

No nos extrañe que más tarde Zola se comprometa personalmente en lo que considera la mayor injusticia política de su tiempo, la del “affaire Dreyfus”. Sirviéndose del método habitual en la composición de sus novelas, Zola confrontó las pruebas y testimonios utilizados para acusar al capitán del ministerio de Defensa francés, Dreyfus, de haber vendido a Alemania información relativa a la defensa nacional, hasta lograr probar la inocencia del encausado. Hizo oír su voz desde el artículo “Yo acuso”, dirigido al presidente la República que le costó la cárcel y exilio.

” es una de las obras que levantó mayor revuelo entre sus detractores y defensores. La enfermedad que desfigura el cuerpo de la protagonista y la putrefacción posterior simbolizan la sociedad corrupta del Segundo Imperio. Una vez más, el simbolismo latente en el planteamiento y desenlace de las situaciones sitúa la producción zoliana más allá de la mera descripción naturalista con pretensiones de denuncia.

En 1885 aparece Germinal, su nueva obra maestra. El ambiente es el de la mina y el de la explotación, así como las reivindicaciones de los obreros. El novelista no dejó de señalar los puntos en conflicto de una sociedad en proceso de cambio, frenado por la

voluntad de unos gobernantes incapaces de prever la fuerza del todavía nuevo grupo social, los obreros.

El autor que se consideró a sí mismo el inventor y la conciencia de la novela moderna, mereció una gran consideración de parte de sus contemporáneos, entre quienes disfrutó de una popularidad sólo comparable a la de Víctor Hugo. Anatole France subrayó también la grandeza del hombre, ante su tumba, el 5 de Octubre de 1902 afirmando: “Zola significa un momento de la conciencia humana”

Mark Twain (1835-1910)

En la segunda mitad del siglo, opta por el Realismo en sus narraciones para reflejar, con exactitud, el lenguaje de personajes pertenecientes a todos los grupos sociales. La intención del autor es la crítica radical de la vida de una Norteamérica en plena expansión económica, demográfica y geográfica. Twain se centra en dos asuntos concretos: el problema de la desigualdad social y la esclavitud; y el afán de éxito y dinero que parece enloquecer a los norteamericanos.

La denuncia en sus obras no se produce directamente, sino que el novelista se vale de diferentes mecanismos de distanciamiento para resultar así más efectivo

    El uso del humor y de la ironía le sirve para presentar situaciones injustas ante el lector burgués sin que este se vea atacado directamente.

    En ocasiones, la denuncia se realiza desde la perspectiva inocente de un niño, como sucede en “Tom Sawyer” (1876) y “Huckleberry Finn” (1884). A Tom y Huck, personajes que protagonizan Las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, les une su profundo sentimiento de libertad, pues ambos se consideran dueños de sus vidas. Tom, integrado en la sociedad, actúa movido por su imaginación desbordante, siendo tan pronto bandido como pirata y sin sentirse en ningún momento afectado por las normas sociales. Huck, sin embargo, es un marginado sin hogar, mísero e hijo de un violento borracho, que huye, cuando,

al encontrar un tesoro, se ve obligado a seguir una vida normalizada y se ve presionada por un padre que no se había ocupado de él hasta ese momento.

    También recurre al desplazamiento temporal para mostrar la ridiculez de ciertas costumbres contemporáneas, como se aprecia en “Un yanki en la corte del rey Arturo” (1889).

    Una última estrategia de Twain es la negación de toda lectura moral o intención en sus obras. El novelista afirma que se limita a narrar los hechos tal como son, sin verter ninguna opinión sobre ellos.

De las obras de Mark Twain, Huckleberry Finn es la más interesante, ya que anticipa algunos de los elementos característicos de la novela norteamericana del Siglo XX: el viaje formativo al final del cual el protagonista ha crecido y madurado, la descripción de las variedades sociales de Estados Unidos, la presencia constante de la naturaleza, la acción y vitalidad del argumento.

La novela Rusa: Dostoievski, Tolstoi

Durante el Romanticismo Alexander Pushkin había iniciado en Rusia el camino de la novela con el relato histórico La hija del capitán (1836). Sin embargo, Nicolai Gógol (1809-1852) es el introductor del Realismo con la obra “Almas muertas”.

La tardía aparición de la novela se debe a varias razones:

    La inexistencia de una clase burguesa reformadora en una nación que vive bajo un sistema feudal y que no inicia el camino de su modernización hasta prácticamente mediados del Siglo XIX. Las clases dirigentes rusas prefieren leer literatura en otros idiomas -preferentemente francés-, lo que no favorece el nacimiento de una literatura propia.

    La mayor parte de la población vive en la pobreza y sin libertades, no tiene esperanzas de mejora y tan solo aspira a sobrevivir en un mundo adverso en todos los sentidos. Estas circunstancias, unidas a la orientación social del Realismo europeo, explican la explosión novelística que vive el país en el Siglo XIX.

    En torno a 1840 se produce la radicalización de los intelectuales rusos como consecuencia de la frustración de las esperanzas reformadoras generadas en los años anteriores. Estos intelectuales se dividen en dos tendencias: los partidarios de la occidentalización de Rusia y los llamados “eslavófilos”, que piensan que el futuro de la nación está en el respeto a sus tradiciones y en su singularidad. Ambas tendencias se oponen al individualismo liberal y se preocupan por los problemas sociales, razón por la cual fueron duramente reprimidos por el poderpolítico.

Dostoievski (1821-1881)

Nació en Moscú en 1821. Fue educado por su padre, un hombre despótico, cuya tortura y asesinato, a manos de un grupo de campesinos, marcó su vida. Se dedicó a la literatura y en 1846 obtuvo una fama efímera con la publicación de Pobres gentes. En 1849 fue condenado a muerte por colaborar con grupos revolucionarios. Fue indultado y condenado a prisión en Siberia durante cuatro años y a servir otros cinco como soldado. A partir de 1859 reforma su labor literaria, que lo llevará a convertirse en guía espiritual de Rusia. Muere en San Petersburgo en 1881.

La obra de Fiódor Dostoievski se desarrolla a través de dos etapas que guardan gran relación con su vida. La primera llega hasta el año 1849 y está dominada por la temática social. En las novelas de la época muestra la penosa situación de las clases desfavorecidas que solamente puede remediarse mediante el heroísmo del individuo que se entrega a los demás. A partir de 1859 la atención del novelista se centra en la preocupación existencial, en la búsqueda del sentido de la vida y la reflexión sobre el sufrimiento humano. La etapa se inicia con “Recuerdo de la casa de los muertos” (1862) y continúa con sus grandes novelas “Crimen y Castigo” (1886), “El idiota” (1869) y “Los hermanos Karamazov” (1880).

Los temas recurrentes en la obra del novelista son los siguientes:

    La rebelión contra las circunstancias personales o sociales y la dificultad de la acción liberadora.

La culpabilidad que solo es vencida mediante el sufrimiento y sacrificio personal. La destrucción de los valores tradicionales y la afirmación de la espiritualidad rusa.

Lo más característico de su narrativa es la creación de personajes atormentados por su culpabilidad o por la sociedad que los oprime, preocupados por su destino, capaces de sacrificarse por los demás y también de realizar los actos más brutales. Se clasifican en diversas categorías:

    Los humildes y modestos cristianos, a menudo víctimas del egoísmo de otros personajes, pero que representan una de las pocas posibilidades de salvación, según Dostoievski.

·         Los nihilistas autodestructivos y los intelectuales rebeldes, que se dejan llevar por las ideologías políticas o pensamientos filosóficos que provocan angustia y sufrimiento. Algunos de estos personajes consiguen redimirse a lo largo de los relatos por medio del sufrimiento personal.

·         Los cínicos libertinos, dominados por su egoísmo y culpables en muchas ocasiones de la penosa situación descrita en las novelas.

La novela más influyente del autor ruso es “Crimen y castigo”. La obra gira en torno a Raskolnikov, un estudiante empobrecido que idea un plan para matar y robar a una vieja usurera, solucionar así sus problemas financieros y hacer un favor a la sociedad librándola de su maldad. Tras el crimen, Raskolnikov enferma por el sentimiento de culpabilidad. A lo largo de la novela el lector asiste a la progresiva toma de conciencia del personaje sobre su crimen y a la creciente voluntad de entregarse a la policía. Los deseos de Raskolnikov por purgar su pecado se manifiestan en el intento de librar a su hermana Dunya de un matrimonio de conveniencia y en el creciente amor por Sonya, que lo acompañará al cautiverio en el desenlace de la novela

Charles Dickens (1812-1870)

Representa la plenitud realista en Inglaterra. Con las armas tradicionales del escritor (el humor, el sentimentalismo patético, etc.), Dickens denunció los abusos de una sociedad egoísta y utilitaria

Otra de sus obras más conocidas es “OliverTwist” (1838), Oliver nace y se cría en un hospicio. La novela narra las desventuras de este niño, al final un anciano lo adopta y se abre para él la felicidad.

Una de sus obras más conocidas, “David Copperfield” (1849), pinta la Inglaterra de las diligencias y no la de los ferrocarriles y el proletariado.

En su obra novelística se aprecian dos temas dominantes:

    La preocupación social, que se concreta en la denuncia de la sociedad industrializada causante del sufrimiento de las clases más desfavorecidas. El autor muestra una y otra vez el contraste entre la realidad inglesa y las ilusiones imperiales y de progreso.

    La proyección de sus experiencias personales, en especial de su triste infancia. Este tema aflora en la desilusión y la amargura presentes en sus novelas, aunque

en la mayoría de ellas mantiene la esperanza de salvación. La infancia del autor se plasma en muchos de sus protagonistas: huérfanos que se crían en hospicios, sin amor y prácticamente sin alimentos. Niños que trabajan duramente y son explotados por sus patronos, sean estos respetables hombres de negocios o delincuentes. Los personajes principales de sus novelas consiguen sobrevivir y sobreponerse a estas circunstancias, pero los secundarios caen víctimas de ellas y mueren o se depravan.

Robert Louis Stevenson (1850-1894)

Escribe novelas históricas, como “El señor de Ballantrae”; de misterio, como “El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde”; y de aventuras, como “La isla del tesoro”

Los temas principales de su obra son: el conflicto entre el bien y el mal, personalizados en personajes que se debaten entre ambas cualidades; y el esfuerzo del ser humano por vencer los obstáculos de la realidad.

Nuevas propuestas en el teatro

Pese al éxito puntual de algunas obras, el intento de renovación que supuso el teatro Romántico fracasó ante el gran público. El motivo del fracaso se debe a la evolución ideológica de la clase burguesa, que pasa de alinearse con las posturas más progresistas y revolucionarias en los primeros años del Siglo XIX a situarse en un nivel mucho más conservador a mediados de siglo. A la burguesía conservadora, principal consumidora del espectáculo teatral, no le gustaban los excesos de individualismo rebelde ni el ataque a los principios ordenadores de una sociedad en la que ya era el grupo más poderoso. A esta cuestión hay que sumar el triunfo del Realismo en la narrativa, con su sencillez lingüística y formal, que poco a poco irá extendiéndose a otros géneros.

El teatro europeo de la segunda mitad del Siglo XIX está dominado por dos tendencias: la comedia burguesa, de escenografía realista, respetuosa con las unidades dramáticas y centrada en asuntos propios de la burguesía desde un punto de vista conservador; y las continuaciones del drama Romántico en verso, aunque desprovistas ya de la carga ideológica revolucionaria del período anterior.

Contra este panorama teatral se levantan algunos autores que parten del Realismo para proponer nuevos caminos en la escena europea: Ibsen, Strindberg, Wilde y Chéjov. También debe destacarse la labor renovadora del músico Richard Wagner (1813-1883), que concibe sus óperas como espectáculo total en el que se funden música, escenografía, interpretación y trama.

En Gran Bretaña, el irlandés Óscar Wilde (1854-1900) compone en los últimos años del Siglo XIX unas comedias protagonizadas por personajes de las clases altas, cuyas costumbres, en especial su hipocresía, son atacadas con una suave ironía. Junto a la crítica de la nobleza, la mirada del autor revela una cierta nostalgia por la paulatina desaparición de este grupo social ante la presión de la burguesía industrial y comercial.

Las dos obras que mejor representan esta tendencia son La importancia de llamarse Ernesto y El abanico de Lady Windermere

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