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Palabras extrañas de un texto expositivo

Nos encontramos ante el poema
Un día habrá una isla escrito por Pedro García
Cabrera. El autor, vivíó en Santa Cruz de Tenerife y fue una de las figuras
literarias más importantes de España.
Pedro García es coetáneo a la Generación del 27 y, al igual que otros grandes
escritores como Agustín Espinosa, pertenecíó a la vanguardia de las Islas
Canarias. El autor se caracterizó sobre todo por su crítica política y por sus ansias
de libertad.
Su vida y obra están organizadas en torno a dos constantes: el
compromiso social y el paisaje isleño.
En concreto, el poema pertenece al libro Las islas en que vivo, escrito entre 1960
y 1967. El autor presenta una serie de temas los cuales giran en torno a la
situación en la que se encuentra en el momento, un momento histórico marcado
por la dictadura franquista.
Debido a esto, el tema expuesto en el poema son las ansias de libertad del autor,
las cuales se ven reflejadas en la figura de una isla como objetivo. Esta, simboliza
una libertad la cual se ve dependiente de los límites de la época. De esta forma,
también expresa su amor por la isla, que es un tema tratado en muchas de sus
otras obras.
En este poema en concreto, Pedro García intenta reflejar las injusticias de la
época y la preocupación por un futuro mejor, dado que las circunstancias
históricas en las que se encontraba estaban caracterizadas por la falta de libertad
y expresión. El poeta expresa su deseo de que algún día haya un lugar en el que
tanto él como todos los demás puedan disfrutar y en especial, quienes han
quedado marcados por las heridas. Lo hace así en versos como (“los que lloran
de rabia”) o (“y se tragan el tiempo en carne viva”).
En cuanto a la métrica, podemos ver que el poema está formado por
dieciocho versos en una sola estrofa con rima libre, es decir, versos blancos con
algunos asonantes. Sin embargo, se podría decir que es circular, ya que
comienza y acaba de la misma manera: (“Un día habrá una isla que no sea
silencio amordazado”). Con esto, el autor intenta remarcar el propósito principal
del poema, la libertad.
La estructura interna del poema se halla compuesta por tres partes. En los
primeros cinco versos, el poeta expresa su deseo de que algún día exista un
futuro sin dependencia. Por ejemplo, en (“Un día habrá una isla”) Pedro García
hace referencia al futuro y a la esperanza de que este sea uno libre (“que no sea
silencio amordazado”). La segunda parte se extiende desde los versos seis al
trece, en los que el autor nos indica que no es solo él el que tiene este deseo de
libertad, sino que son más los que la anhelan. Lo hace así en versos como (“Solo
no estoy. Están conmigo siempre”) o (“aquellos que no cesan”) donde hace
referencia a más personas afectadas por la situación. Por último, en los cinco
versos restantes el autor vuelve a la idea inicial, es decir, el deseo de conseguir la
libertad.
El lenguaje empleado en el poema no es rebuscado, sino más bien sencillo. No
obstante, esto no significa que el texto sea pobre o carezca de valor estético,
pues el autor ha recurrido a diferentes recursos estilísticos como las figuras
literarias.
Se hace uso de las personificaciones con la finalidad de dotar cualidades
humanas a seres irracionales. Por ejemplo, en (“y cuando mis palabras se
liberen”), el autor da a entender que siente que no puede expresarse libremente y
sus palabras están “encerradas”.

Cabe destacar el uso de metáforas como (“la alegría del mar”), donde aparece el
mar como un espacio de alegría y símbolo de la libertad o (“sus orillas”) donde
hace referencia al acercamiento o entrada de esa isla. El poema también cuenta
con metáforas las cuales expresan momentos difíciles como (“rumbo en las
tormentas”) o (“en carne viva”) donde expresa sentimientos de dolor y angustia a
través de palabras que simbolizan descontrol. Por último, nos encontramos con el
empleo recurrente del hipérbaton que pone de relieve ideas y conceptos claves.
Lo observamos en los versos 6 y 7, (“Solo no estoy. Están conmigo siempre…”),
que destacan la imagen de la soledad y la presencia de otros.
En cuanto al léxico, abundan las palabras que tienen relación con la libertad y lo
contrario de esta. Se observan adjetivos como “amordazado” y “viva”, que
califican respectivamente al silencio e intensifican, en este caso, los sufrimientos
derivados de vivir en un régimen de dictadura. Esta escasez de adjetivos
proporciona más agilidad al poema.
Pedro García Cabrera, se muestra deseoso de una libertad que no logra alcanzar,
mostrando en su poema esa necesidad de independencia inmediata que
demanda. Debido a la situación en la que se encontraba, el poema expresa su
forma de querer llegar a esta libertad tan deseada que se veía sometida bajo el
poder del general Francisco Franco. De esta forma también refleja
constantemente en la isla el premio de haber obtenido ese objetivo tan deseado,
dado a su condición de isleño, un amor por Canarias que se muestra en el
transcurso de todas sus obras.


Nos encontramos ante el poema “Me busco y no me encuentro”, escrito por
Josefina de la Torre. La autora nacíó en Las Palmas de Gran Canaria, rodeada
por una familia vinculada al mundo artístico, donde trabajó como novelista,
cineasta, dobladora, cantante y actriz. En la década de 1920 se muda a Madrid y
entra en contacto con autores como Federico García Lorca y otros intelectuales
de la Residencia de Estudiantes.
Josefina de la Torre destacaba por escribir poesías de carácter humanizado
debido a que hablaba sobre temas que no habían sido tratados en esa época
todavía, así como la maternidad y la frustración.
La autora escribíó su primer libro Versos y Estampas en 1927, gracias a ello y sus
buenas relaciones con muchos de los autores de la generación del 27, Josefina
es considerada como perteneciente al grupo de mujeres de esa generación. Una
de las obras que más reconocimiento obtuvo fue Marzo Incompleto, a la cual
pertenece este poema. En este, la autora plantea temas más íntimos y trágicos
como, por ejemplo, el paso del tiempo o la soledad.
El tema expuesto en este tema es la búsqueda de sí misma, la autora intenta
buscarle un sentido a la vida debido a que se encuentra perdida. Josefina se
interroga constantemente y no consigue obtener respuestas a ninguna de sus
preguntas, lo cual hace que desarrolle un sentimiento de insatisfacción y soledad.
No solo habla de cómo esto hizo que se adentrara en un camino de tristeza sin
respuestas, sino que también habla de una maternidad frustrada. Esto se debe a
que Josefina nunca pudo cumplir sus deseos de ser madre.
El poema se puede dividir en tres segmentos: los siete primeros versos, en donde
se habla de la angustia que la autora, al no encontrarle sentido a la vida, siente
en el presente. Hace esto mediante metáforas como (“Rondo por las oscuras
paredes de mi misma”) y preguntas como (“eco de mis incertidumbres”) a las que
sabe que no le va a encontrar respuestas cuando escribe (“interrogo al silencio”).
En los siguientes dos versos lamenta el hecho de no poder ser madre al reflejarlo
en frases como (“Y no pude ser tierra, ni esencia, ni armónía”). Por último, en los
siguientes cuatro versos vuelve a hablar de su mísero presente. Sin embargo, nos
encontramos ante un verso en el cual se refleja un poco de esperanza por parte
de Josefina de poder salir de su caos mental cuando dice (“Esperando el
momento de descubrir mi sombra”).
El poema “Me busco y no me encuentro” pertenece al género lírico ya que la
autora ha utilizado su escritura como medio de expresión de sus sentimientos. Su
lenguaje no es rebuscado, sino que más bien sencillo. No obstante, esto no
significa que el texto sea pobre o que carezca de valor estético, pues la autora ha
recurrido a diferentes recursos estilísticos como las figuras literarias.
La primera figura que apreciamos en el poema sería “oscuras paredes”, presente
en el segundo verso. Esta metáfora está uniendo un término real con uno
imaginario para hacer alusión al mundo oscuro de dolor y angustia en el que se
encuentra la poetisa. En el tercer verso encontramos una personificación,
“interrogo al silencio”, en el que Josefina de la Torre atribuyó cualidades humanas
al silencio para enfatizar en el vacío que sentía en su interior. A continuación, nos
encontramos una anáfora presente en los versos 4, 6 y 8, donde cada verso
empieza por “y”. De esta forma la autora consigue enganchar al lector y dejarle
claro todo lo que está sintiendo. En el sexto verso es apreciable un símil, “ahora
voy como dormida en las tinieblas”, en el que la autora compara su situación
sentimental con el hecho de encontrarse dormida en las tinieblas, es decir,
perdida. Por último, destacaría una gradación en el noveno verso, la cual sería

“son fruto, sonido, creación, universo”. Es apreciable como la autora parte de la
idea del fruto, que sería el comienzo de la formación de cualquier ser, el sonido,
representando el siguiente escalón, donde ya se trata de una acción perceptible,
la creación que es el propio ser y por último el universo que representa
absolutamente todo lo que nos rodea.
Josefina de la Torre ha recurrido a una amplia simbología, apreciable una vez
analizamos cautelosamente los versos. El primer símbolo lo apreciamos en el
segundo verso, “oscuras paredes” con las que la autora se está refiriendo a su
cuerpo, ya que durante todo el poema analiza su persona. En los versos 7 y 8
encontramos las dos expresiones “ser tierra” y “son frutos” con las que se
simboliza ser madre y ser hijos respectivamente, haciendo alusión a esa
maternidad frustrada de la propia autora. Cuando Josefina de la Torre nombra en
el poema “ser armónía”, específicamente en el octavo verso, quiere expresar el
equilibrio al que debe llegar en la vida uno mismo, ese equilibrio al que ella cree
no haber llegado. El símbolo apreciable en la décima línea, “desgranarse”, nos
está haciendo ver el paso del tiempo y la agonía, ya que la autora siente que va
pasando su vida ante sus ojos.
La métrica presente en “Me busco y no me encuentro” podríamos describirla
como 13 versos en los que se combinan versos heptasílabos con versos
alejandrinos, o de 14 sílabas. Los dos únicos versos con 7 sílabas serían el
primero y el quinto, mientras que el resto del poema es alejandrino. Su rima es
prácticamente asonante, menos en los versos 2, 5 y 12, donde la autora emplea
rima consonante. Métrica y rítmicamente el poema no sigue un patrón común lo
que nos conecta con la autora y su versolibrismo.
En conclusión, en este poema Josefina de la Torre refleja diferentes problemas
por los cuales se siente perdida y angustiada como la maternidad frustrada y la
búsqueda de sí misma.

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