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La temática apunta en dos direcciones: una hacia la exterioridad sensible y otra hacia la intimidad del poeta


Se denomina escapismo al deseo de los modernistas de huir del mundo. Los autores buscan una evasión de la realidad, situándose en escenarios lejanos. Además, surge una necesidad más de evasión denominada cosmopolitismo.  Rubén Darío escribíó dos obras que se consideraron una manifestación más de evasión hacia el pasado:
Caupolicán y Cantos de vida y esperanza.

La intimidad del poeta se exprésó como una manifestación de una insatisfacción existencial. El Modernismo tiene una influencia ROMántica, en ella exaltan las pasiones y lo irracional por encima de lo razonable.

El Modernismo español presenta una serie de particularidades: a pesar de la fuerte influencia de Rubén Darío que se centro por el folclore andaluz, la belleza de Galicia y los paisajes de Castilla. Sus mejores frutos literarios fueron los que se inspiraron en el simbolismo. Aquí incluiríamos a Manuel Machado (Villaespesa), Antonio Machado (Soledades, galerías y otros poemas
1903), Juan Ramón Jiménez (Elejias
11907) y Valle-Inclán (Las sonatas de 1902 hasta 1905).

En conclusión y según Davison, “es imposible comprender la literatura hispánica moderna sin tener en cuenta los descubrimientos de los modernistas”.


A partir del 1910, Azorín señala que cada autor se ha creado una fuerte personalidad, con
orientaciones estéticas muy diversas, aunque conservando los anhelos idealistas. Pasado el
radicalismo juvenil, se configura la mentalidad del 98: se intensifica el entronque con las
corrientes irracionales europeas y un neorromanticismo. El subjetivismo se convierte en
un rasgo esencial de la estética del 98.
En sus obras están presentes las preocupaciones existenciales y religiosas. Son frecuentes
los sentimientos de hastío de vivir o angustia, influenciados por filósofos como Nietzsche o
Schopenhauer. 

El tema de España se enfocará con tintes subjetivos porque proyectaban sobre la realidad
española sus anhelos y angustias más íntimas. En sus obras se mezcla el dolor y el amor por

España; los atrae lo que Unamuno llamó intrahistoria. Este amor a España se combina con un anhelo de europeización;
pero, frente a los problemas concretos, buscaron respuestas abstractas y filosóficas.
Comparten un rasgo común de estilo con los modernistas: la renovación de la
lengua literaria, la búsqueda de un lenguaje claro y preciso. Además, desarrollaron el gusto por las palabras tradicionales y
terruñeras, y pusieron en circulación un enorme caudal de léxico que recogieron en los
pueblos o tomaron de los clásicos. Hay que destacar sus innovaciones de los géneros literarios. Configuraron el ensayo
moderno. Emplearon técnicas nuevas en la novela y el teatro, aunque los intentos
renovadores en este último género, salvando a Valle-Inclán, tuvieron mucho menos éxito.

Por último, en cuanto a la valoración del grupo del 98,su renovación estética fue tal que, junto con los modernistas, se inicia lo que se conoce como
Edad de Plata de nuestra literatura.


La palabra “generación” no se puede aplicar a los escritores del 27 en sentido estricto; se trata más bien de un “grupo poético” dentro de una generación literaria. Constituyen un grupo homogéneo, tenían muchas cosas en común, además de una edad parecida. Tuvieron una educación universitaria y una sólida formación literaria; muchos estuvieron ligados a la Residencia de Estudiantes. Igualmente hay que destacar que compartieron una idea común de la poesía: las ansias por aprender de lo
viejo y de lo nuevo, de renovar la poesía tomando lo mejor de cada época, en definitiva, aspiraron a una síntesis entre tradición y vanguardia.

Hunden sus raíces en la tradición literaria hispánica. Esto se manifiesta en su labor de crítica literaria. Los grandes temas de nuestra literatura también lo serán de sus poemas: el amor en Salinas, la muerte en Lorca, el choque entre deseo y realidad en Cernuda…
Aunque sus personalidades son muy distintas y presentan una evolución particular, en general, se pueden señalar las siguientes etapas:
1. Hasta 1927. Escriben sus poemas primerizos, de influencias modernistas y de Bécquer, en los que predomina el ideal de una poesía pura, con formas populares o vanguardistas.  EI neopopularismo los lleva a un retorno al origen, incorporando elementos del folklore y la poesía infantil (Marinero en tierra de Alberti).
La poesía pura, fue iniciada por Juan Ramón Jiménez. En ella se eliminará lo descriptivo y el lenguaje se somete a un proceso de depuración, con predominio del verso corto y la búsqueda de la palabra exacta. (La voz a ti debida de Salinas). 2. Desde 1927 a la Guerra Civil. La humanización de la poesía es cada vez mayor y coincide con la entrada del Surrealismo. Así, nacieron La realidad y el deseo de Cernuda, Sobre los ángeles de Alberti, Poeta en Nueva York de Lorca, La destrucción o el amor de Aleixandre. En este giro hacia la rehumanización destaca Pablo Neruda, que trabó amistad con ellos, especialmente con Lorca. 3. Después de la guerra. Lorca ha muerto; otros muchos, se han exiliado; solo tres poetas permanecieron en España: Gerardo Diego, Aleixandre, Dámaso Alonso. La obra de estos dos últimos poetas es el punto de partida de la poesía desarraigada. 


Los poetas del 27 aportaron a la lengua poética profundas novedades. Utilizaron con maestría las metáforas, que aprendieron de Góngora y de las vanguardias. Respecto a la métrica, utilizaron formas tradicionales y clásicas, como el soneto, el romance o el villancico; pero también el verso blanco y el verso libre.

Entre los poetas del Siglo XIX y XX, admiraron a Bécquer, Rubén Darío, Unamuno y Machado; y consideraron a Juan Ramón Jiménez como su maestro. Asimismo recibieron la influencia de corrientes extranjeras y también de las vanguardias, especialmente de Ramón Gómez de la Serna.

En definitiva, integraron lo español y lo universal, lo puro y lo humanizado, lo culto y lo popular, lo minoritario y lo que llega a la inmensa mayoría. Todo esto coloca a los poetas del 27 en un lugar preeminente de la literatura española y universal, la Edad de Plata de nuestra poesía.

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