Apuntes para todos los estudiantes y cursos

Huye sin mirar atrás

José de Espronceda

Recibe una educación ilustrada y neoclásica, emigra en 1827 a Portugal, Inglaterra y Francia; regresa en 1833.

Periodista liberal,, abandera un Romanticismo de carácter liberal exaltado. La actividad política incesante le acerca a posiciones
republicanas.

Es el personaje más representativo del Romanticismo español (Byron español), de personalidad ROMántica prototípica: rebelde, impetuoso,
exaltado, turbulento, liberal. Convertido en mito, para unos, ROMántico idealista, desprendido y apasionado; para otros, joven acomodado,
insolente y cínico (como don Félix de Montemar, protagonista de El estudiante de Salamanca).

Escribíó teatro y una novela histórica pero destacó como poeta, tanto lírico como narrativo.


Etapas de su evolución: 1.
poesía de corte neoclásico: textos juveniles influidos por su maestro Alberto Lista (Pelayo, intento inacabado
de poema épico); 2. Poesía del exilio: evolución hacia la sensibilidad ROMántica, que supone la sustitución de la mitología grecolatina del
neoclasicismo por una mitología y marco poético nuevos (antiguos héroes célticos, luna y sol convertidos en temas literarios, naturaleza
agreste –cataratas, ríos, tormentas, nieblas, mares…-); 3. Poesía ROMántica, tras su regreso a España y su evolución hacia un
Romanticismo liberal en el que abundan los tonos sociales. De esta época son sus poemas líricos (Canción del pirata, El verdugo, El
mendigo, El reo de muerte, El canto del cosaco) y narrativos (El estudiante de Salamanca, El diablo mundo, ejemplo acabado de la
mezcla de géneros del Romanticismo, narrativo, lírico y dramático) donde aparece el Espronceda más genuino: defensa seres marginales,
identificación proscritos, desprecio normas, leyes y riquezas, anhelo de libertad, sentimentalismo.


El estudiante de Salamanca

El estudiante de Salamanca: historia de don Félix de Montemar, cínico donjuán de la
Salamanca del S. XVII (seduce a Elvira, la abandona, esta muere de dolor y aquel
mata en duelo al hermano de la fallecida), que acaba en un matrimonio macabro con
una dama fantasmal, el esqueleto de Elvira –la muerte misma- en una danza rodeado
de espectros. Toma motivos de la tradición literaria y los funde creando un ambiente
intensamente ROMántico y un personaje que encarna la rebeldía, el cinismo y el
satanismo del Romanticismo más carácterístico. Otros rasgos: variedad métrica,
alternancia de fragmentos descriptivos, narrativos y dramáticos, imprecisión en
localizaciones, vaguedad (efecto de diferenciación entre realidad cotidiana y texto
poético).


Temas y estilo

El Espronceda ROMántico trata de la inadaptación del individuo, rebeldía, desprecio de normas y leyes,
pasión amorosa, muerte; sus personajes muestran nobleza y valor innatos (el pirata) o cansancio, hastío,
cinismo, insolencia y arrogancia demoníaca (el estudiante de Salamanca). Todos parecen añorar una
inocencia perdida, paraíso perdido que se remonta a la niñez. La mujer es belleza y pureza, pero en cuanto
el hombre la toca, el encanto se desvanece; no hay plenitud amorosa, todo lleva en sí el principio de la
destrucción, la señal de la muerte.

Estilo típico ROMántico: gusto por sonoridades retumbantes, efectos rítmicos sorprendentes, rimas agudas,
cambios métricos repentinos, contrastes violentos, exclamaciones, interrogaciones retóricas. Busca la
reacción sentimental y el efecto en los lectores, por lo que abusa a veces de recursos melodramáticos, lo
misterioso y emotivo.

Lengua: conviven lo elevado y lo coloquial; frecuentes simetrías, oposiciones, enumeraciones, hipérbatos.
Propensión a lo fragmentario, vago, impreciso e inconcluso (sensación de caos en un mundo diverso e
inabarcable).


Gustavo Adolfo Bécquer

Huérfano pronto de padre y madre, vivíó con su madrina, en cuya bien
surtida biblioteca desarrolló la afición a la lectura y el gusto literario. En
Madrid desde los 18 años, tradujo o adaptó obras teatrales para
sobrevivir; contrajo la tuberculosis, que lo acompañó hasta la muerte,
Desde 1860 se dedicó de forma constante al periodismo (dirigíó el
periódico conservador El Contemporáneo). Su matrimonio fracasó y halló
desahogo económico con la protección del ministro conservador
González Bravo (que le dio el cargo de censor de novelas, empleo que
pierde con la revolución del 68). Murió a los 34 años.


Rimas

Las Rimas están organizadas en cuatro bloques:

Rimas I a VIII. Tratan sobre la poesía, el acto de la creación y el poeta: Yo sé un himno gigante y extraño/
que anuncia en la noche del alma una aurora,/ y estas páginas son de ese himno/ cadencias que el aire
dilata en las sombras.

Rimas IX a XXIX. Tienen por tema el amor visto de una forma esperanzada y alegre: Oigo flotando en olas
de armónía/ rumor de besos y batir de alas;/ mis párpados se cierran… ¿qué sucede?/ –Es el amor que
pasa.

Rimas XXX a LI. Se centran en el desengaño amoroso: Asomaba a sus ojos una lágrima/ y a mi labio una
frase de perdón;/ habló el orgullo y se enjugó su llanto,/ y la frase en mis labios expiró.

Rimas LII a la LXXVI. Giran en torno a la soledad, el dolor y la muerte, tratados con un tono angustiado: En
donde esté una piedra solitaria/ sin inscripción alguna/ donde habite el olvido,/ allí estará mi tumba.


Temas

El amor y la poesía son los dos temas básicos de las Rimas. La poesía es concebida como una forma de expresión
inmediata de emociones íntimas, sentimientos que están más allá del poeta.

Bécquer prefiere una poesía breve y seca, que brota del alma como un chispazo, hiere el sentimiento con una palabra y
huye, desnuda de artificio. Es una concepción ROMántica de la literatura, aunque lejos del Romanticismo declamatorio,
coherente con la formación de Bécquer. Resulta así una poesía sintética, breve, sin grandilocuencias, donde la inspiración
no se explica sin la razón, que no se puede desligar de la estética realista que empieza a dominar (sus poemas parten de
elementos de la realidad cotidiana para expresar ideas como la belleza, el amor o la poesía misma que se resisten a ser
expresados con palabras); En esta búsqueda de la forma expresiva, Bécquer se acerca al simbolismo: la palabra y la imagen adquieren importancia
para sugerir el concepto (entre el mundo de la idea y el de la forma existe el abismo que sólo puede salvar la palabra).


Estilo: aparente sencillez y espontaneidad, tras la que se esconde la maestría en amalgamar los
artificios retóricos de la poesía culta con los de la popular; en métrico usa estrofas clásicas
(octava real, serventesio, quintilla), frecuentes combinaciones de endecasílabos y heptasílabos
(al modo de la silva culta) y formas populares (copla asonantada, seguidilla). En sus versos
prefiere la rima asonantada, evitando la sonoridad estridente del Romanticismo. El ritmo
poético obedece a la estudiada distribución de acentos en el verso, lo que proporciona a los
poemas su tenue musicalidad. Numerosos encabalgamientos (sin llegar al prosaísmo, dan
sensación de naturalidad: ahora la unidad poética es el conjunto del poema, y no cada verso).

Composición: poemas breves (a veces escueta reflexión sentenciosa), a veces parecen truncados
al cerrarse con un verso quebrado (que condensa la idea expresada y abre sugerencias); los más
extensos suelen usar el paralelismo como técnica estructurante (correlaciones, antítesis,
anáforas, repeticiones…). Todas las Rimas muestran su bien pensada construcción y su trabajada
arquitectura.


Lenguaje: sencillo en apariencia, metáforas, símiles, imágenes que se construyen con palabras
que aluden a realidades materiales, sensoriales, por lo que abunda el vocabulario referente a la
naturaleza o a la música. Lo más importante del léxico becqueriano es su capacidad de
sugerencia más allá de su significado denotativo: los elementos de la realidad se corresponden
con emociones íntimas, o a través de ellos se descubren otros sentidos insospechados; por eso,
se puede considerar a Bécquer un poeta presimbolista.

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