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Renacimiento italiano

Masaccio:


pintor italiano cuya carrera artística es interesante, primero, por la brevedad de su vida (murió con 27 años) y la importancia de sus creaciones, y segundo, por ser el primero en aplicar las reglase de la perspectiva científica. Su primera obra documentada, el tríptico de San Juvenal (1422), es una creación que supera plenamente el gótico. En el posterior políptico para el Carmine de Pisa (1426), la composición a base de pocas figuras esenciales y la plasmación natural de la luz definen su estilo carácterístico, que se despliega en su obra maestra: el ciclo de frescos sobre la vida de San Pedro y la expulsión del Paraíso, que pintó para la capilla Brancacci de Santa María del Carmine. Las figuras de Adán y Eva expulsados del Paraíso son prototípicas de la concepción que Masaccio tenía de la pintura, basada en la masa y el volumen de las figuras, en una única fuente de luz y en la representación científica de la perspectiva. Su última obra fue un fresco de la Trinidad en Santa María Novella, que ha pasado a la posteridad como un ejemplo emblemático de perspectiva y composición. Poco después de acabar esta pintura, Masaccio se trasladó a Roma, donde murió de repente.

Lorenzo Ghiberti:

Es el primer gran escultor enteramente renacentista. En 1425 se le encargan las terceras puertas del baptisterio que organiza con diez escenas, cinco en cada batiente enmarcadas en una estrecha orla. Representa escenas del Antiguo Testamento realizadas en bronce dorado. Las escenas tienen una composición muy compleja con muchos personajes, que se mueven en un amplio espacio, tratadas de un modo pictórico, da volumen a los elementos del primer término y apenas resalta las de la lejanía, incluso difumina los contornos, aplicando a la escultura recursos de la perspectiva, entre ellos el empleo de arquitecturas, que después tuvo amplio eco. Las figuras y objetos se hallan sometidas a riguroso control de su tamaño en relación con la mayor o menor distancia con respecto al espectador. Las figuras, aunque presentan proporciones clásicas, no llegan a perder la armónía y la fragilidad de movimientos del último gótico.  En algunas escenas las arquitecturas no llegan a crear un eje inmóvil en el que coincidan todas las líneas, sino que obedecen al principio medieval del punto de vista variables que Ghiberti llama “regíón del ojo”; aunque en otras se aproxima ya a la perspectiva convergente de punto central.

Donatello

Fue el escultor más importante del Quattrocento florentino. Más joven que Ghiberti avanza mucho más que él en el dominio de las formas clásicas. Donatello centró su atención en la figura humana. Él interpreta la figura humana en las más diversas edades y tipos, en las más variados gestos y actitudes y expresando los estados espirituales más diversos. Una de sus primeras obras fue el San Jorge, en la que representa al hombre en la plenitud de la vida. Donatello mostró gran preocupación por la expresión humana. Entre las estatuas de los profetas del campanile de Giotto en Florencia sobresale la figura de Habacuc. Pero también es uno de los grandes intérpretes de la alegría infantil. La adolescencia se refleja en el David, en él las formas son elegantes y llenas de gracia. Todavía no se han deformado por la musculatura. David no es un ser que presume de su heroicidad, es un hermoso joven que parece haber vencido a Goliat más por su porte que por su fuerza. Ya anciano, con 65 años, Donatello realizó importantes obras. En ellas parece dudar del ideal humanista exaltador de la figura humana y crea un mundo de imágenes en el que se refleja la crisis de valores que se avecina en Florencia.


Fra Angélico:


no se le atribuye ninguna obra hasta 1420. Se orientó hacia un arte expresivo, instalado en el espacio y bañado por la luz florentina, que no atenúa la solidez de la composición y la firmeza de los volúMenes. Todas estas cualidades aparecen con gran evidencia en sus obras fundamentales: descendimiento, lamentación sobre el cuerpo de Cristo… La pintura del beato sorprende por la gran devoción religiosa. Casi no se sabe de su formación pictórica, aunque su estilo se establece entre gótico (por los fondos dorados, el alargamiento de las figuras…) y el Quattrocento por el sentido del volumen, el intento de perspectiva, la luminosidad de la atmósfera… Con las tablas realizadas entre 1420 y 1436 para el convenio de San Marcos se aprecia una progresiva madurez artística y, en El Retablo del Juicio Final, se ve un detenido estudio de la perspectiva. 

Brunelleschi:

fue el arquitecto y escultor italiano más famoso del Siglo XV que, junto con Alberti, Donatello y Masaccio, crea el estilo renacentista. Se formó como escultor y orfebre e inició su carrera en el ámbito de la escultura. No es de extrañar, que participara en el concurso para la realización de las puertas del baptisterio de Florencia en 1401, certamen en el que quedó segundo, después de Ghiberti. Sus conocimientos matemáticos y su entusiasmo por esta ciencia, le llevaron al descubrimiento de la perspectiva, clave en el Renacimiento. Se le debe, de hecho, la formulación de las leyes de la perspectiva central. Sin embargo, su fama estuvo asociada a la cúpula de la catedral de Florencia, ya que el conocimiento de ingeniería le permitíó solventar los problemas de construcción de dicha cúpula. Para Brunelleschi, como buen renacentista, la estética no era un juego de azar, sino el resultado de la correcta aplicación de una serie de leyes preestablecidas. Su arquitectura elegante y moderadamente ornamental queda compendiada a la perfección en dos espléndidas creaciones: la capilla Pazzi y la Sacristía Vieja de San Lorenzo. Quien se inspiró en él para sus realizaciones arquitectónicas fue Miguel Ángel.

Alberti:

arquitecto, teórico del arte y escritor italiano que, junto con da Vinci, fue una de las figuras más representativas del ideal del hombre del Renacimiento, ya que reuníó todos los conocimientos y habilidades de la época. En Florencia, trabajó como arquitecto para la familia Rucellai, con obras como el palacio de Rucellai y el templete del Santo Sepulcro, que basan la belleza en la exactitud geométrica de las proporciones. También se le debe la fachada de la iglesia de Santa María Novella.

Il Perugino:

pintor italiano que pintó en la Capilla Sixtina el famoso fresco de la Entrega de las llaves a San Pedro. Tuvo un taller en Perugia, en el que en 1496 ingresó Rafael, que heredó los principales rasgos estilísticos de su maestro: composición clara y armoniosa, figuras idealizadas y tratamiento suave y sentimental de los temas religiosos. Decoró al fresco la sala de audiencias del Colegio del Cambio de Perugia, pero se le recuerda sobre todo por sus obras de caballete, en particular la Asunción y los Desposorios de la Virgen. Fue autor también de algunos retratos de mérito.

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