Apuntes para todos los estudiantes y cursos

La cuenta corriente bancaria. Concepto. Función económica y caracteres.

La cuenta corriente bancaria. Concepto. Función económica y caracteres.              

La entidad de crédito asume la prestación del servicio de caja del cliente; esto es, se convierte en su cajero para todas las operaciones delimitadas en el acuerdo, y procede por cuenta del mismo, tanto a efectuar pagos cuanto a recibir cobros. El servicio de caja se realiza cada vez más a distancia, se mediante la utilización de cajeros automáticos, banca telefónica o electrónica.La cuenta corriente bancaria carece de regulación jurídico-positiva, aunque sus rasgos aparecen bien definidos en la práctica, y pueden aplicarse supletoriamente las normas del mandato y de la comisión mercantil. Se trata de un contrato consensual y no real, pues la entrega de fondos por parte del cliente tiene más bien, como decimos, la significación de provisión de fondos. No es un contrato formal, aunque normalmente se celebre por escrito. Es, por último, bilateral o generador de obligaciones para ambas partes.

Derechos y obligaciones de las partes.

El cliente debe pagar; en efecto, las distintas comisiones que, como precio de los servicios prestados, le cargue la entidad de crédito, así como aportar los fondos suficientes para que aquélla pueda realizar los pagos que procedan a favor de terceros. Se trate de la concesión de un crédito, o como parece más razonable, de un mero anticipo de fondos, esos intereses deben ser proporcionados, sin que caso de ostentar el cliente la condición de consumidor puedan sobrepasar una tasa anual equivalente superior a dos veces y media el interés legal del dinero. La entidad de crédito puede exigir la cobertura o pago del descubierto en cualquier momento, sin necesidad de respetar el plazo establecido en el art. 313 del Código de Comercio, salvo que, por las circunstancias del caso, pueda deducirse la concesión de un cierto aplazamiento.La entidad de crédito deberá, a petición del cliente, entregarle los libros-talonarios de cheques que precise, anotar los movimientos producidos en la cuenta e informarle sobre la situación de la misma cuando lo solicite y, periódicamente, mediante el envío de resúmenes o extractos, cuya corrección se presume salvo que el cliente manifieste su disconformidad en el plazo pactado.La titularidad de la cuenta corriente puede corresponder a una o varias personas, si es a varias puede ser solidaria o mancomunada. En el caso de cuentas mancomunadas, tanto el ejercicio de la titularidad (facultades) cuanto la atribución de la responsabilidad (obligaciones) son conjuntas. Si la cuenta es indistinta (solidaria), cualquiera de sus titulares podrá dar instrucciones a la entidad por separado de los demás, a la vez que todos ellos responderán solidariamente frente a aquélla. En ausencia de pacto, nos inclinamos por la mancomunidad. La extinción: normalmente la cuenta es por tiempo indefinido pudiendo ser resuelta unilateralmente, mediante un preaviso en el caso, al menos de que sea la entidad de crédito quien decida terminarla.

Tarjetas bancarias. Noción y clases de tarjetas. Las tarjetas de pago.

La primera clase de tarjeta o función que puede cumplir una tarjeta bancaria es la de permitir el acceso y operar en los cajeros automáticos de la entidad con la que se mantiene relación bancaria o en los de otras entidades que estés, sin embargo, interconectadas mediante una red de transmisión de datos. La tarjeta de cajero automático cumple la función de extender y permitir un funcionamiento automatizado del servicio de caja, obteniendo entregas o reembolso de dinero, depositando efectivo o cheques, u obteniendo información sobre la cuenta misma o realizando, en fin, otras operaciones. Las tarjetas bancarias de pago que, con independencia de permitir, como es habitual, el acceso a cajeros automáticos, pueden ser utilizadas como medios de pago con un sujeto o empresa y también con una pluralidad de ellos en el tráfico general de pagos de bienes y servicios.Requiere que el titula exhiba la tarjeta y se identifique como tal ante la persona a quien pretende pagar una prestación o servicio con su uso. Se cercioran de la titularidad del portador y obtienen la autorización del banco del titular para realizar la transacción. A ello sigue la firma por el cliente de una nota de cargo.

La transferencia bancaria. Concepto y naturaleza jurídica. El giro.

La transferencia es una orden de traspasar una determinada cantidad de dinero de una cuenta bancaria a otra, normalmente de diferente titular, perteneciente a la misma o diferente entidad de crédito, que sustituye y evita el trasiego físico del dinero, su retirada, primero, de una cuenta e ingreso, después, en otra. Transferencia interna o realizada entre cuentas mantenidas en una misma entidad y luego éstas liquidarán entre sí en la forma que esté establecida (transferencia directa); entre cuentas de entidades distintas (transferencia externa), las entidades entrarán en relación por medio de una tercera que normalmente será el banco central del país de que se trate (transferencia indirecta).        La naturaleza jurídica de la transferencia es discutida (delegación de deuda, cesión de créditos, estipulación a favor de terceros, mandato), quizá porque la pluralidad de supuestos que puede ofrecer y la pluralidad de relaciones que en ella se comprenden impiden, también este caso, una calificación unitaria. La relación entre la entidad de crédito y el cliente dador de la orden puede calificarse, sin dificultad, como un mandato. En su virtud, la entidad de crédito reduce la disponibilidad con que cuenta su cliente, y, consecuentemente, la misma entidad o su corresponsal acredita el importe en la cuenta del beneficiario. De ahí que para explicar este último efecto se haya recurrido a la figura de la delegación, contrato por el que una persona delegada (la entidad de crédito), deudora de otra delegante (el cliente), consiente en sustituir a éste en la deuda que tiene, a su vez, con un tercero (denominado delegatario o beneficiario). Pero, con independencia de que no siempre la transferencia responde a la existencia de una deuda con el tercero. No cabe olvidar que, en principio, de acuerdo con nuestro Derecho, esa delegación de duda no puede provocar la liberación del ordenante sin que concurra el consentimiento del acreedor beneficiario.

La difusión de las cuentas corrientes bancarias y de la transferencia ha disminuido la importancia, al menos en nuestra práctica, del contrato de giro. Se habla de giro cuando la entidad de crédito u otra especializada recibe una determinada suma, por lo general no muy cuantiosos, de un cliente para ponerla a disposición de otra persona, por lo común en efectivo, en un lugar distinto. Las entidades crediticias o especializadas en esta actividad pueden cumplir estas operaciones sin desplazamiento ni transporte material de numerario mediante simples órdenes de pago cursadas a sus sucursales, agencias o corresponsales.

Servicios de custodia. Depósitos de custodia. Concepto y contenido.

Son aquellos en que el depositante persigue una típica y exclusiva finalidad de custodia. Son depósitos regulares, en los que el banco no puede usar ni disponer de las cosas depositadas, como, verbigracia, ocurre en los depósitos realizados en cajas o paquetes cerrados o lacrados. De estos depósitos el más importante era el que tenía por objeto títulos-valores, especialmente acciones, y que solía denominarse depósito transmisible de valores o depósito de efectos en custodia. Aparte de ser depósito remunerado, facilitaba a las entidades de crédito la posibilidad de controlar indirectamente el voto de importantes paquetes de acciones en las Juntas Generales de las grandes sociedades anónimas, en virtud de las representaciones que los accionistas depositantes solían conferir al efecto a las personas designadas por la entidad depositaria de los títulos. Los clientes titulares de valores se liberaban de las tareas relativas a su gestión y administración burocráticas, que se encomendaban a la entidad de crédito. En este depósito, su naturaleza es la de un contrato mixto de depósito y mandato.En la práctica, los depósitos de custodia tradicionales, tanto los administrados como los cerrados, han perdido gran parte de su importancia, habiendo sido sustituidos por otras figuras contractuales, en particular la administración de valores y el servicio o alquiler de cajas de seguridad.

Servicio de cajas de seguridad. Noción general. 

La finalidad de este servicio es poner a disposición de los clientes, a cambio de una compensación dineraria, el uso individual de un determinado compartimento o caja en los locales acorazados que las entidades construyen y mantienen al efecto.

La naturaleza jurídica del contrato, en general, predomina la tesis del arrendamiento de la cosa, y los formularios bancario españoles hablan también de alquiler de las cajas. Dada su atipicidad, el contrato se regirá por lo acordado por las partes y, en su defecto, analógicamente, por las normas reguladores del tipo de contrato (depósito o arrendamiento) que más se asemeje a la cuestión o extremo precisado de regulación. El contrato debe considerarse consensual, no siendo preciso par su perfección la entrega o introducción en la caja de cosa o efecto alguno. Tampoco es precisa, en rigor, la existencia de forma especial alguna, aunque en la práctica se documenta por escrito. En punto a su contenido, cabe indicar que la entidad de crédito se obliga a custodiar o vigilar las cajas, velando por su integridad física y debe responder de la idoneidad de los locales en que estén instaladas para el fin a que se las destina. El cliente soporta siempre la carga de una doble prueba, sobre el contenido y sobre el valor de los objetos introducidos en la caja. La entidad de crédito deberá además facilitar al cliente el uso de la caja fuerte en el tiempo y forma determinada en el contrato. El cliente, aparte de pagar el precio convenido por este servicio, debe utilizar la caja de forma diligente, y destinarla al uso pactado. La apertura de las cajas se hace previa firma del usuario en un libro registro especial, en presencia de un encargado de la entidad, y con el concurso de dos llaves distintas, una en posesión del usuario y otra de la entidad de crédito.

El contrato de préstamo mercantil y el préstamo bancario. Notas definitorias y caracteres.                  

El artículo 311 Ccom. dice que se reputara mercantil el préstamo concurriendo las circunstancias siguientes: si alguno de los contratantes fuere comerciantes y si las cosas prestadas se destinaren a actos de comercio. La primera exigencia no tiene mayor problema, ya que las entidades de crédito, que en atención a su configuración jca, pueden ser sociedades anónimas, sociedades cooperativas o entes de naturaleza fundacional, son quienes conceden prestamos. Ahora bien, vamos con el segundo requisito, cuando el precepto dice cosas, el objeto del contrato de préstamo es habitualmente numerario, pero también puede consistir en bienes o valores. Hay una gran parte de la actividad bancaria (probablemente el 90 por ciento de los prestamos de la banca comercial) que está formada por préstamos a particulares. Estos préstamos no son mercantiles. El prestamista es comerciante (el banco), pero el prestatario es un consumidor final. En estos casos, parece que no habría un préstamo mercantil. ¿Cómo se resuelve este problema técnico? Pensando que los prestamos que realizan los bancos con consumidores, aun así, son mercantiles, porque la bancariedad trae consigo la mercantilidad, Los contratos bancarios son mercantiles porque son bancarios. Esta idea  aparece en algunas resoluciones del Tribunal Supremo. ¿Cuáles son los caracteres de un contrato de préstamo mercantil? Tradicionalmente, se decía que era un contrato real, unilateral, traslativo del dominio y no formal. Real, ¿Por qué? Porque se perfecciona con la entrega de la cosa, del objeto del préstamo (en este caso, de numerario). Antes del momento de la entrega, no hay contrato. Por lo tanto, si el contrato de préstamo, una vez perfeccionado, genera para el prestatario la obligación de restituir el principal más los intereses y, si el contrato se perfecciona a partir de la entrega, podemos sacar la conclusión de que el contrato de préstamo es unilateral (no es un contrato bilateral, sinalagmático, que genera obligaciones reciprocas). Si dijéramos que no hace falta la entrega del dinero para que haya contrato, entenderíamos que nace del mero acuerdo de voluntades y que por lo tanto existirían obligaciones reciprocas. Es un contrato, además, traslativo del dominio, porque las cosas prestadas salen de la propiedad del prestamista para ser adquiridas por el prestatario. Es un contrato no formal, porque se acoge a los beneficios del principio de libertad de forma.

Sin embargo, la práctica bancaria (préstamo bancario) ha modificado de raíz estos caracteres, porque en ella se satisfacen no tanto la necesidad de los clientes de tener en mano una cantidad de numerario, sino de tener a su disposición una cantidad de numerario. Los clientes van buscando la disposición del crédito, la puesta a disposición del crédito, el reconocimiento que le hace el banco al cliente de que puede utilizar ese saldo favorable que le ha puesto el banco para atender a sus necesidades. Por lo tanto, la entrega se puede sustituir por la puesta a disposición. Por ello, el carácter real del contrato de préstamo se ha diluido mucho, y también el carácter unilateral. En la práctica bancaria, el contrato de préstamo suele celebrarse por escrito, porque los bancos están obligados a documentar todas y cada una de sus operaciones, no solo se trata de una exigencia derivada del deber de contabilidad, sino que también es un deber riguroso que se impone a las entidades de crédito, en garantía de la propia viabilidad del negocio bancario, pero en garantía también de los clientes. La celebración por escrito del contrato le aporta certidumbre.

El art 517 LEC establece algunos títulos extrajudiciales que llevan aparejada ejecución, sobre la base de los cuales se puede despachar ejecución. Dentro de los títulos extrajudiciales, estarían los contratos celebrados a través de la intervención de fedatarios públicos; con la intervención de fedatarios públicos, la escritura tiene la consideración de escritura pública y goza de las prerrogativas que se otorgan a los documentos públicos. ¿Qué podemos hacer con la escritura? Ir directamente al proceso de ejecución. Sin embargo, ninguna entidad utiliza en la práctica esta posibilidad, por interés propio y por interés de sus clientes.

Las partes son el prestamista y el prestatario. El prestamista: obligaciones a cargo del banco. Podríamos decir que tiene la obligación de entregar la suma objeto del préstamo. Esto se puede decir, pero teniendo la cautela de saber que el contrato es teóricamente real y por lo tanto no estamos ante una obligación. Las más importantes son las obligaciones que pesan sobre el prestatario, que son dos: la obligación de restitución en los términos pactados (restituyendo una cantidad igual a la que recibió en préstamo) y la obligación de pagar los intereses que se hubieren pactado.

Préstamos especiales.

Nos interesa hacer una referencia muy sucinta a las clases de préstamo. El Prof. Luis Javier Cortés distingue tres modalidades de préstamo: en primer lugar, el préstamo con garantía de  valores. Hay una parte de una lección de derecho cambiario en la que vamos a estudiar cómo se pignoran los títulos valores. La letra de cambio y cualquier titulo valor se puede pignorar. Por ejemplo, si el banco nos pide garantías para concedernos un préstamo y la única garantía que tenemos son acciones del Santander, podemos pignorar estas acciones. En este caso, celebraremos un préstamo con pignoración de valores, ya sean valores documentales o anotados. La ejecución de la garantía pignoraticia tiene unas particularidades que veremos en su momento: hay un ius distrahendi del acreedor (la facultad exorbitante que tiene EL ACREEDOR pignoraticio para materializar la garantía).

Préstamo sindicado: hay préstamos que requieren, no solo por su volumen, sino por la complejidad de su financiación, la sindicación de las entidades de crédito. Cuando hablamos de sindicación de los bancos queremos decir que los bancos se funden, que forman un consorcio. Son una pluralidad de prestamistas sindicados que actúan concertadamente bajo la dirección de uno: el banco director del sindicato. Estos préstamos se utilizan para financiar grandes operaciones financieras de alcance internacional o grandes obras públicas.

Préstamos participativos: son préstamos muy próximos a los denominados negocios parciarios. Los negocios parciarios son negocios de participación y a sui vez son proxumos a los negocios societarios. En ellos se participa en un conjunto de comunidades: comunidad de riesgos, de ganancias. La retribución de la aportación del socio se da a través del reparto de beneficios o, si las cosas van mal, por la compensación de las perdidas. El prestamista no es socio de la sociedad, pero está muy próximo a la posición de socio, tan próximo que el titular de un préstamo participativo, en la escala de prelación de créditos, se coloca por delante de los socios y después de los acreedores ordinarios.

La apretura de crédito es un contrato bancario en virtud del cual una parte, la entidad de crédito se obliga, durante un plazo y hasta una cantidad determinada, a  poner a disposición del cliente la suma o sumas de dinero que le demande y a realizar otras prestaciones pactadas en el contrato (este contrato está mencionado pero no regulado en el C.com. art. 175 y 177). La estructura de la apertura de crédito es mucho más flexible que la del préstamo. Por ejemplo, somos empresarios y necesitamos el préstamo para comprar maquinaria. En ese caso, el préstamo nos podría servir. Ahora bien, si necesitamos solo disponibilidad para atender las necesidades cambiantes de la empresa, necesitamos una línea de crédito, de la que vamos a ir recurriendo en la medida de las necesidades de nuestra organización empresarial. Vamos tirando del capital que necesitemos y ese será el que devengue intereses, el que remuneremos de manera efectiva al banco. No se entrega una suma de dinero, sino que se asegura la disponibilidad, dentro de ciertos límites (temporales, por ejemplo, durante un año, cuantitativos, hasta una determinada cantidad, modales, a través de la presentación de determinados documentos) de un crédito. El manual de Sánchez Calero explica muy bien este tema, porque dentro de las obligaciones del banco distingue una disponibilidad abstracta (la expectativa de tener el crédito a nuestra disposición, y una disponibilidad concreta, que se contrae a los actos de disposición del crédito.

Clases.

La apertura de crédito o puede ser simple o en cuenta corriente. La apertura de crédito en cuenta corriente se llama apertura de cuenta corriente. Ahora bien, puede haber una estructura un poco más compleja en la que aparece un tercero, que se llama beneficiario. ¿Por qué razón aparece el tercero? Porque es el que dispone directamente del dinero del banco. El acreditado sigue siendo el cliente del banco, y al beneficiario lo llamamos tercero porque es tercero frente al banco, pero tiene en el contrato de apertura de crédito un conjunto de derechos reconocidos que ejerce frente al banco.

El crédito documentario es una apertura de crédito, porque el comprador le da la orden al banco para que le pague a un vendedor. La operación se realiza a través de los bancos. El crédito documentario, más que una modalidad de contrato de financiación, es una garantía del comercio internacional. El comprador garantiza el pago al vendedor a través del crédito documentario. Esta modalidad de crédito se usa frecuentemente en el comercio internacional. No hay régimen de derecho interno, sino de Derecho Internacional, para el crédito documentario.

CONTRATO DE DESCUENTO 

Al  explicar el régimen de los arts. 347 y 348Ccom. partimos de un esquema, que era más o menos el siguiente: la operación económica de cesión partía de la consideración de un primer acreedor, de un deudor y de un segundo acreedor. Si le preguntáramos a un economista, nos dibujaría un triangulo y pondría en cada esquina del mismo a cada uno de los sujetos de la relación. Pero desde el punto de vista jurídico, hay dos relaciones. El derecho de crédito objeto de la cesión ha nacido en una relación contractual (por ejemplo, una compraventa). Esa relación jca genera un derecho de crédito que luego se incorpora como objeto a otro contrato que es el de cesión. Este segundo contrato lo protagonizan el acreedor como cedente y el segundo acreedor como cesionario. En este caso, el cedente puede responder de la falta de solvencia del deudor o que, por el contrario, esta es la solución legal disponible que el cedente no responda de la falta de solvencia del deudor salvo pacto en contrario.

El contrato de descuento es aquel en virtud del cual una parte denominada descontente (esta sería la entidad de crédito) se compromete a realizar anticipadamente un derecho de crédito, a cambio de un descuento (a cambio de la cesión de un derecho de crédito, de descuento y salvo buen fin). El descuento presupone la cesión. Cuando descontamos un crédito, podemos hacerlo porque lo hemos materializado en un documento con el carácter de titulo valor. Por eso los descuentos se producen sobre documentos (títulos de crédito, letras de cambio, pagares). También pueden descontarse otros documentos, como las certificaciones de obra (certificaciones en que la Admón. pública reconoce tener una deuda con el contratista de una obra).

Desde que nace el derecho de cerdito hasta su vencimiento, hay un pactum de non petendo, porque el crédito es inexigible hasta que llegue el momento de vencimiento. En el tráfico mercantil hay muchos créditos que se generan a diario, pero muchos de ellos no son exhibibles desde el primer momento. Cuando el empresario vende a crédito, recibe un crédito inexigible y lo que necesita es liquidez. Para obtener liquidez, lo que utiliza es, por la vía del descuento, el propio crédito, que un financiador profesional está dispuesto a ofrecerle antes del vencimiento del crédito. El crédito se ha titulizado, se ha incorporado a un titulo valor, y lo que le pide el empresario al descontante es que le adelante los fondos.

Clases de descuento.

Tradicionalmente el descuento se ha referido a créditos incorporados a títulos, cambiarios (pagaré, letra) todos estos han sido, durante mucho tiempo los instrumentos típicamente descontables. En la actualidad se han ido generalizando los descuentos de créditos. Las llamadas líneas de descuentos son muy frecuentes en la práctica, las entidades de crédito se obligan frente a sus clientes a descontar todos los créditos que se le remitan, dentro de unas características determinadas, hasta el límite máximo de una cierta suma.

Caracteres y efectos del contrato.

El contrato de descuento, como su propio nombre indica, supone un descuento. Lo que puede obtener el titular de un derecho de crédito de 1000 euros es la suma de 1000 euros menos una cantidad determinada. El banco, cuando presta 1000 euros, obtiene 1000 euros más el interés remuneratorio. Pero en el descuento las cosas ocurren al revés, o retrospectivamente. El banco está descontando por anticipado los intereses que se van a devengar desde el nacimiento hasta el vencimiento del crédito. El banco, en este caso, lo que hace es recibir 1000 y entregar 900, porque durante este periodo la disponibilidad del crédito por el cliente supone 100. Por lo tanto, la tasa de descuento opera al revés que los intereses remuneratorios. El banco, si le diera al  cliente exactamente los 1000 euros que vale su crédito, no estaría haciendo negocio, porque tres meses después, cuando el crédito venza, solo podrá obtener los 1000 euros.

Por ejemplo, las obligaciones se emiten de manera que sabemos, que, cuando venza el crédito, se nos va a pagar intereses. En cambio, cuando un titulo se suscribe al descuento, se nos entrega solo 900. He ahí la diferencia, entre 900 y 100, esta la remuneración. Dicho de otra manera, en un contrato de descuento, lo que tiene valor para el banco y el cliente es el “pactum de non petendo”. Si queremos levantar el “pactum de non petendo”, debemos celebrar un contrato de descuento. El descuento tiene un efecto traslativo de la propiedad del crédito: el crédito pasa a ser de otro. El banco aplica una tasa de descuento al crédito.

Otra condición que imponen los bancos es la condición de que la operación no se realiza en firme, sino con una cláusula que se conoce en la práctica como clausula salvo buen fin. Aquí es donde algunos conceptos cobran mucha más importancia. ¿Qué SIGNIFICA que la operación se pacta salvo buen fin? Que el banco asume el crédito si los acontecimientos se desarrollan como el banco espera que se desarrollen. Pero como el banco sabe que eso no ocurre siempre, introduce la clausula salvo buen fin, para que no se le escape el cliente, para que el cliente no quede desresponsabilizado. Volvamos a los arts. 347 y 348, que decían que el cedente del crédito no responde de la solvencia del deudor cedido. Por lo tanto, si partimos de la idea de estos artículos, e imaginamos que el cesionario es el banco, y el banco va al deudor a pedirle que le pague, y el deudor se niega, el banco no puede exigir responsabilidad al cedente. Pero si podría exigirle responsabilidad al cedente si en el contrato se introdujera una clausula salvo buen fin, y se construyera, con base en esta clausula, una acción de regreso o repetición que nos permitiera reclamar lo que el cedente obtuvo debido a nuestra voluntad de adquirir el crédito cedido. Pues bien, si no hay clausula salvo buen fin no hay contrato de descuento. Si hay cláusula salvo buen fin y el deudor no paga, el banco le dice al cedente que el deudor ha fallado y él le tiene que reembolsar. Por ejemplo, el banco le entrego tres meses atrás al cliente 900 euros sobre un crédito de 1000 euros. Ahora, tres meses después, el deudor ha incumplido y el banco reclama al cliente. ¿Qué cantidad debe pagarle el cliente al banco? El cliente tiene que pagarle 1000 euros al banco. Lo que el banco gano al principio con un descuento no puede perderlo después con un nuevo descuento. Cuando decimos que el banco tiene una acción de regreso, le estamos invistiendo de legitimación para que reclame judicialmente a su cliente los 1000 euros. Sin embargo, como los descuentos se instrumentan encuentras corrientes, el banco tiene una manera más fácil de cobrar los 1000 euros: practicando lo que se conoce como un contra asiento. Cuando llega el vencimiento, si el deudor no paga, practicamos un asiento de signo contrario, que lleva el signo menos: un asiento de 1000 euros. De esta manera. Practicando un contra asiento, el banco puede olvidarse de la reclamación judicial y ejercitar autónomamente su derecho. Ahora bien, imaginemos que en la cuenta hay un saldo de menos mil, y el banco se plantea la posibilidad de contra asentar los menos mil euros porque el deudor no ha pagado. Antes nos habíamos puesto en la hipótesis de que el saldo de la cuenta corriente era favorable y el banco se cobraba con él. Cuando el saldo de la cuenta es negativo, el banco tiene dos alternativas: o seguir acrecentando el saldo negativo (cada vez que el banco pone un menos en nuestra cuenta corriente, nos está dando crédito, aunque no nos parezca así) o ejercitar las acciones de reclamación judicial contra el cliente, porque el banco sabe que tiene otros bienes que pueden ser utilizados para satisfacer esas deudas.

El descubierto puede ser unilateral o reciproco. Ahora, no siempre pacta el descubierto reciproco, porque no todos los clientes le inspiran la suficiente confianza para ello. El banco no acepta el descubierto reciproco con todos los clientes.

Extinción del contrato.

El contrato se extingue al vencimiento del crédito descontado, bien por el pago realizado por el deudor, bien, en caso de impago, por el reintegro del cliente a la entidad de crédito de la cantidad recibida más los gastos. La acción de la entidad de crédito contra el deudor por razón de crédito descontado está sometida en orden a la prescripción (ordinaria de 15 años art. 943 C.com. y 1964 Cc.), a las normas inherentes a la naturaleza del crédito mismo.

CONTRATO DE FACTORING.

Igual que la cesión nos sirve para explicar el contrato de descuento, el descuento nos sirve para explicar el contrato de factoring. En realidad, es un contrato conocido por nuestra práctica mercantil, lo que pasa es que aparece denominado con una terminología anglosajona, de manera que parece una novedad. El contrato de factoring es bastante parecido a una modalidad del contrato de comisión. Las sociedades de factoring lo que hacen esencialmente es gestionar el cobro frente a los deudores de su cliente. El cliente confía la cartera de crédito a la sociedad de factoring para que esta gestione el cobro, haga todo lo posible por cobrar sus derechos de crédito. En realidad no hay ninguna norma que regule este contrato por completo; desde 2009 se permite que el contrato de factoring afecte a la globalidad de los créditos de un cliente, tanto los créditos presentes como los créditos futuros (créditos actuales y créditos potenciales). Para esta operación, normalmente se encomienda a la sociedad de factoring la llevanza de la contabilidad y prestar algunos servicios de información sobre la solvencia de los clientes actuales. La sociedad de factoring conoce la contabilidad, el nivel de riesgos asumidos y la calidad de los activos de su cliente. Este seria, hasta aquí, el estándar básico de los contratos de factoring. Ahora bien, la sociedad de factoring incluso puede garantizar el cobro de crédito. El factoring tiene dos modalidades: el factoring con o sin recursos. Decimos que el factoring es factoring  con recursos cuando la sociedad de factoring se limita estrictamente a gestionar el cobro, sin asumir el resultado desfavorable de la gestión (cuando la s. de factoring asume solo una obligación de medios).  Esto es lo  que ocurre en la comisión ordinaria: el comisionista se obliga a poner los medios para la ejecución del resultado, pero eso no significa, por ejemplo, que consiga vender las mercancías. Por ello, cuando se pacta la comisión de garantías (art 275 Ccom) se pacta un plus remuneratorio, que trata de compensar el mayor riesgo que asume el comisionista por asumir una obligación de resultado (no solo se obliga a poner los medios para conseguir el resultado, sino también a conseguirlo, y por eso tiene mayor responsabilidad). El factoring sin recursos es aquel en el que la sociedad de factoring asume una obligación de resultado.

LEASING.

Empezamos por el usuario ¿En quién tenemos que pensar? Puede que sea un consumidor destinatario final, pero lo mejor, para hacernos cargo de la repercusión que tiene este contrato en los mercados, es pensar en personas físicas o jurídicas que tengan necesidades derivadas del ejercicio de una actividad empresarial La sociedad de leasing es una entidad de crédito. Son entidades de crédito en sentido estricto o establecimiento de crédito equiparados a estas (Establecimientos financieros de crédito). Aquí la causa del contrato es una causa de financiación. En este caso, el usuario resuelve el problema de financiación para adquirir un bien que produce el fabricante. En este caso, hay un triangulo formado por la sociedad de leasing, el usuario y el fabricante. La sociedad de leasing compra el bien al fabricante, porque tiene un cliente que lo necesita y ella si tiene dinero para comprarlo (es decir, compra el bien para atender las necesidades de un tercero, que es el usuario), y el usuario se relaciona con el banco, porque no tiene financiación para comprar ese bien. El usuario acude a la sociedad de leasing y le dice que necesita un producto que tiene que responder a unas determinadas especificaciones técnicas. Antes de dirigirse a la sociedad de leasing, el usuario sabe lo que produce el fabricante (es decir, las especificaciones técnicas de los productos del fabricante). La sociedad de leasing compra el producto para él, pero no lo convierte en propietario, sino en mero arrendatario. El usuario podrá convertirse en propietario del producto si, cuando finaliza el contrato, ejerce una opción de compra sobre el valor residual del producto.

LOS DEPÓSITOS BANCARIOS DE USO. 

Los depósitos bancarios de uso son depósitos abiertos de dinerario (v. art. 307.3 C. de C.) que, por definición, permiten a la entidad de crédito el uso o disponibilidad del objeto del depósito, con la consecuencia de que el dinero entregado pasa a ser propiedad de la entidad de crédito, surgiendo para ésta la obligación de devolver otro tanto, cuando lo solicite el depositante o cuando se cumpla el plazo pactado. Su naturaleza jurídica es, pues, la del depósito irregular. En todo depósito bancario de uso está más presente que en los demás depósitos irregulares la finalidad de custodia. El uso o disponibilidad que concede al depositario, es un elemento esencial del contrato que sólo así cumple la función de obtención de capital productivo (fondos disponibles) que precisan las entidades de crédito para desarrollar su actividad típica, hasta el punto de que es esta circunstancia la que explica, en oposición a lo que sucede en el contrato de depósito (art.304), que sean las entidades de crédito las que satisfagan una remuneración al cliente por la entrega de sus fondos, cantidad que, económicamente, no es sino un interés o precio del dinero recibido.

Titularidad del depósito. La titularidad de los depósitos bancarios de uso puede ser individual o colectiva, sucediendo esto último cuando se constituye conjuntamente por dos o más personas, bien con derecho de disposición individual y separada de cada una de ellas sobre la totalidad de los fondos depositados (depósito indistinto o solidario), bien con disponibilidad sometida a la firma de todas o varias de ellas, como medida de control recíproco (depósito conjunto o mancomunado). En caso de fallecimiento de un titular indistinto, el supérstite podrá seguir disponiendo del depósito, salvo que se establezca otra cosa en el contrato. La pluralidad de depositantes legitima una presunción de cotitularidad sobre el objeto del depósito, que decaerá ante la prueba de que la propiedad de lo depositado corresponde a algún concreto depositante. La restitución del depósito puede resultar condicionada por el llamado pacto de compensación entre cuentas, en cuya virtud la entidad de crédito puede compensar los saldos deudores que el cliente mantenga en algunas cuentas o relaciones con la entidad, con los saldos acreedores de que disponga en otras.

Clases de depósitos de uso

En atención a los términos y condiciones que se hayan establecido para el ejercicio de la facultad de restitución de las cantidades depositadas, se diferencia entre los depósitos a la vista y los depósitos a plazo.

A) Los depósitos a la vista comportan para la entidad de crédito la obligación de devolver la suma depositada a petición del depositante, en el momento mismo en que éste la exija. Normalmente, el depósito a la vista lo es también en cuenta corriente, esto es, un depósito que admite que la suma depositada aumente o disminuya mediante sucesivos y distintos actos de ingreso o de retirada de fondos por el cliente. El contrato por lo general de tiempo indefinido o tácitamente renovable, da lugar a liquidaciones periódicas de intereses, facilitando al cliente una libreta donde se anotan las sucesivas operaciones, esta modalidad es conocida en la práctica con la denominación de libreta o cuenta de ahorro a la vista.Estos depósitos han incrementado su versatilidad (abonos a terceros, domiciliaciones de recibos u otros cargos, utilización de tarjetas de débito).

B) Depósitos o imposiciones a plazo fijo (IPF). La restitución de la suma depositada sólo procede al vencimiento del plazo pactado. Son una forma de inversión de fondos o tesorería por parte de los clientes. Existe un interés más elevado que en los depósitos a la vista o también se habilitan fórmulas que permiten obtener una rentabilidad superior (es el caso de los nuevos depósitos denominados estructurados o depósitos-bolsa, en los que el cliente, amén de la devolución íntegra del depósito al vencimiento del plazo, obtienen una determinada remuneración vinculada al incremento que experimente algún valor o índice bursátil). Se denominan certificados de depósito, y son títulos valores, a la orden, transmisibles por endoso, de modo que el titular puede enajenarlos recuperando los fondos invertidos o depositados a plazo sin que se cancele o ponga fin al contrato con la entidad de crédito.

No se permite realizar comentarios.