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La subida del precio del petróleo, la circulación de capitales y la nueva orientación

La subida del precio del petróleo y las tendencias inflacionarias

El nuevo sistema monetario se va a caracterizar por su gran inestabilidad pero también por una gran flexibilidad de los dos principales mecanismos de ajuste: las tasas de cambio de las principales monedas occidentales y los movimientos de la balanza de pagos. Esta característica va a facilitar la absorción del desequilibrio que se produjo en los pagos internacionales tras el primer shock petrolífero de 1973 a raíz de la subida de los precios del crudo que se tradujo en una detracción sobre las economías occidentales del orden de 150 billones de dólares entre 1973 y 1978. Dicha subida había sido una operación de castigo de los países de la OPEP contra los occidentales por la ayuda prestada a Israel durante la guerra denominada del Yom Kippur. Sorprendidos por esta medida los países consumidores reaccionaron por medio de disposiciones destinadas a ahorrar energía y a recurrir a otras formas
de la misma como la nuclear y las renovables amén de promover la prospección petrolífera fuera de la OPEP. Pero se trataba de políticas a largo plazo por lo que la demanda de petróleo en los países industriales siguió siendo elevada lo que generó desequilibrios en las balanzas comerciales, una aceleración de la inflación y desórdenes monetarios internacionales. El choque petrolífero sirve de detonante a la crisis económica. Aunque la situación mejore entre 1974 y 1978 la revolución del Irán vuelve a alterar el mercado: en 1980 la OPEP sube los precios una vez más. Este segundo choque golpea a unas
economías debilitadas y el incremento de la factura energética dificulta todavía más la recuperación. En lo que se refiere a los movimientos de precios y a la inflación la crisis presenta una fisonomía muy original. En lugar de una etapa inicial de deflación como la que tuvo lugar después de 1929 lo que se produjo desde el primer momento fue una clara tendencia inflacionista que en los diez años subsiguientes a 1974 alcanzó una media del 10% en los países de la OCDE. Aunque el factor desencadenante del fenómeno fuera la subida de precios del petróleo no se deben desdeñar otros elementos de tipo estructural como la terciarización de la economía y la desaparición del papel de la industria como amortizador de la inflación. Todo ello produjo que ahora se convirtiera en uno de los principales problemas y que la actuación de los gobiernos tuviera como uno de sus fines prioritarios el control de la subida de precios.

La circulación de capitales

En el aspecto financiero a partir de los años 1980 lo que ocurre es una mayor tendencia hacia la mundialización debido a la libre circulación de capitales. La globalización financiera reposa sobre una mayor libertad en la circulación de capitales, la supresión de los intermediarios y en la comunicación de los sistemas financieros nacionales. Todo ello va a favorecer un mercado mundial de capitales. Según la teoría liberal este hecho favorece el crecimiento mundial debido a que facilita una colocación más eficiente de los capitales ahorra los costes de los intermediarios y obliga a los gobiernos a ser responsables en sus políticas económicas respectivas. Estas afirmaciones deben ser matizadas debido a la aparición de nuevos riesgos. Los capitales flotantes representan hoy un volumen global de unos 4 billones de dólares susceptibles de desplazarse de manera prácticamente instantánea de una plaza financiera a otra a la búsqueda de una mejor remuneración obedeciendo a veces en sus movimientos a meros rumores y no al análisis de los datos económicos fundamentales. Las esferas monetaria y financiera se están desconectando de la economía real.

NUEVA ORIENTACIÓN EN LA POLÍTICA ESTATAL

El hecho de que los gobiernos se encontraran ante problemas nuevos ocasionados por una inflación de dos cifras tipos flotantes de cambio mercados de capitales muy abiertos y perturbaciones de la balanza de pagos y de los términos de intercambio fue el origen de los cambios significativos en los objetivos y la táctica de la política oficial. Los problemas de inflación y desempleo ocuparon un lugar central en el debate económico y político durante la mayor parte del período. Y ha sido en este contexto donde la economía neoliberal se ha convertido en dominante tanto en la teoría como en la política macroeconómica. La razón estuvo en que la teoría Keynesiana fue incapaz de proporcionar una explicación adecuada de la estanflación subsiguiente a la crisis económica de los años setenta. Este hecho tiene algo de ironía ya que la propia teoría económica keynesiana llegó a dominar 30
años antes debido a que la teoría económica neoclásica que sirve de soporte a la economía neoliberal era a su vez incapaz de explicar el enorme y duradero desempleo de la última Gran Depresión. Durante la década de 1970 la mayor parte de los países desplegaron políticas aisladas de relanzamiento procurando a la vez mantener el nivel salarial. Pero el resultado fue el incremento de las tensiones inflacionistas y de los déficits
presupuestarios mientras que el paro y la inflación crecía. Al mismo tiempo los márgenes de las empresas se degradaban bajo el efecto de la saturación del mercado de bienes durables y la asignación de las ganancias de productividad a los salarios. Hubo una oscilación ideológica hacia el monetarismo de Friedman y hacia los puntos de vista de Hayek y los neoaustríacos que veían en el desempleo un útil correctivo. Los gobiernos se inclinaron a partir de los años ochenta hacia políticas de rigor de inspiración neoliberal las cuales concedieron prioridad a la lucha contra la inflación por medio de la moderación salarial y al restablecimiento de la balanza comercial por medio de la competitividad. Habrá una progresiva disminución del sector público empresarial. Aunque se logró reducir la inflación de modo espectacular no fue posible relanzar ni la inversión ni el empleo. Este último sólo progresó de forma pasajera entre 1986 y 1990 después dela cual el paro volvió a aumentar y el crecimiento económico se ralentizó. Ello ha abierto el debate sobre la necesidad de otra política. Una política que requiere una acción concertada en la OCDE o a escala europea cuya finalidad sea la de asignar una parte sustancial de las ganancias de productividad al aumento de los salarios y a la estimulación de la demanda. La iniciativa europea de crecimiento
propuesta en la Cumbre de Edimburgo en 1992 iba en esa dirección. Pero las exigencias derivadas de los criterios de convergencia de tratado de Maastricht han impedido el avance del proyecto. A partir de la década de los 80 el aumento de las desigualdades, del paro y de la exclusión agravan las dificultades de financiamiento de los sistemas de protección social afectados además por el envejecimiento de la población y por la crisis económica. Como los ajustes necesarios se hicieron por la vía del aumento de las cargas sociales los efectos perversos de las mismas centraron excesivamente la atención y las críticas de los agentes económicos; de hecho empiezan a desarrollarse análisis teóricos en los que se cuestiona la eficacia de dichos sistemas y se recomienda el control de los gastos sociales aludiendo a la crisis del Estado Providencia. En estos textos se olvida a veces que los gastos sociales han evitado el hundimiento de la demanda y de la producción tal como sucedió durante la crisis de los años 1930.

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