Apuntes para todos los estudiantes y cursos

Arte barroco

1.- El urbanismo: las plazas mayores

En el plano puramente estético, la ciudad barroca es la heredera de los estudios teóricos del renacimiento sobre aquellas ciudades ideales que, como ejercicios abstractos, ocuparon las mentes de los comentaristas de Vitruvio. Con un criterio netamente albertiano, el valor de estos esquemas reposaba en la pura armonía geométrica con independencia de la percepción visual. Pero el hallazgo del barroco consiste en crear una ciudad como obra de arte de inmediata percepción visual. Para lograrlo, el barroco cuenta con un instrumento que también había heredado del renacimiento: la perspectiva. Pero lo que en la pintura y arquitectura eran ya conquistas maduras, no había llegado aún al urbanismo. Es en el XVIII cuando el arte barroco de la composición de ciudades adquiere todo su apogeo. Tanto es así que la gran arquitectura del XVIII trascenderá de sí mismo y se hará en su más valiosa dimensión arte urbano. Sea la Columnata de Bernini, el palacio de Versalles, la plaza de los Inválidos, la del Obradoiro, etc., toda esta arquitectura impone por lo que tiene de despliegue urbanístico.
Pierre Lavedan resume en tres los aspectos fundamentales del urbanismo: la línea recta, que conlleva la perspectiva; la perspectiva monumental y la uniformidad, que supedita lo particular a la ley del conjunto. Conforme con estos principios, la fachada a la calle por donde pasa la multitud se hace entonces tan importante como el interior. La fachada es por donde la arquitectura se adhiere al espacio público, campo preferido del arte barroco. Es, por tanto, el arte de la ciudad, de la calle, de la plaza con sus adornos, de las fuentes, etc. El urbanismo se ensaya primero en los jardines, cuyos trazados van a influir decisivamente en las ciudades y conjuntos urbanos. El urbanismo francés se complace en un tema que se adopta con entusiasmo: la plaza monumental, dedicada a servir de marco a la estatua del Rey.
En España, la mayor notoriedad del urbanismo son lasplazas mayores

2.- Italia

Siglo XVII Como consecuencia de la reforma emprendida por el Concilio de Trento, se cambia la idea que presidió la formación del proyecto de la basílica vaticana y se adopta la forma de cruz latina. El concurso para la realización de la obra se confía a Carlo Maderna (m.1626) que da una solución ingeniosa: prolonga uno de los brazos de cruz griega y surge una estructura de tres naves . El sentido de la cúpula cambia al verse tras la ilusoria estrechez de la nave central. Ahora está dotada del sentido de lo grandioso y deslumbrador. También realiza la fachada principal  de la basílica.
La elección de Urbano VIII en 1623 y la muerte de Maderna coinciden bastante bien con el afianzamiento definitivo de la generación de 1600, cuyos representantes más notorios son Bernini y Borromini. Estas ingentes figuras realizan conquistas insospechadas para el estilo, escindiendo la unidad impuesta por Maderna. Bernini busca lo lujoso y serio, tradicional de la arquitectura romana, mientras Borromini busca apasionadamente el dinamismo y el movimiento, típico de las regiones norteñas.
Lorenzo Bernini (1598-1680) es un artista genial. Hijo de padre escultor, se traslada con éste a Roma para trabajar a las órdenes de Paulo V. Bajo la protección pontificia de Urbano VIII, se le nombra arquitecto de la ciudad. Su primera obra arquitectónica es el Baldaquino  o tabernáculo de San Pedro. Pertenece esta obra a una tendencia de movimiento que va a abandonar. Lo proyecta recordando con innovador impulso los antiguos ciborios cristianos y los templetes renacentistas. Consagra en arquitectura la columna salomónica de bronce, decisiva para la formación del nuevo estilo, muy especialmente en España.
La Cátedra de San Pedro  es obra de gran complejidad. La vista enfila desde las naves hacia la Cátedra a través del baldaquino. La cátedra vacía representa la infalibilidad del papado en materia de fe, independientemente de las personas que la ocupen. También es importante el papel de la gloria, esa vidriera, en la que figura el Espíritu Santo, de la que desciende la luz con que se ilumina el espacio. De aquí sacará el arte español la idea para los transparentes.
La obra máxima de Bernini, una de las creaciones culminantes de la arquitectura universal, y uno de los conjuntos más acertados del mundo es la plaza de San Pedro del Vaticano. La columnata  de esta plaza está formada por cuatro hileras de columnas toscanas. Se abre en forma de elipse a ambos lados de la fachada, produciendo un efecto de infinitud y maravillosa escenografía, a la vez que cierra ópticamente la plaza. Sirve de deambulatorio cubierto a las procesiones y abraza ecuménicamente a la cristiandad que peregrina para recibir del papa el uno de enero la bendición Urbi et orbi.
Entre otras construcciones suyas merece destacar la Iglesia de San Andrés del Quirinal. El movimiento en esta planta queda determinado por el muro cóncavo, escenográfico y dinámico, que tiende el abrazo al espectador, luego, un pórtico convexo crea un impulso hacia delante. La propia planta del templo es ovalada, situando capillas alrededor, con cubierta de cúpula.
Francisco Borromini (1599-1667) presenta características distintas al arte berniniano. Sobrepuja a todos los arquitectos italianos por su invención decorativa. Aunque formado con Maderna, pronto deriva hacia otros cauces, imprimiendo a la masa arquitectónica un impulso dinámico, decisivo para el barroco europeo.
Es trabajando para las órdenes religiosas, con cuyas exigencias edificatorias se había compenetrado, como consigue la primera revelación de su personalidad. Así, en el Oratorio de San Felipe Neri >, entre pilastras de distintos planos, ondula las pareces cóncavas y convexas. Diversas molduras mixtilíneas encuadran la triple serie de ventanas.
San Carlos de las Cuatro Fuentes se emplaza en una encrucijada. La complejidad de espacios, ondulaciones lineales, afán de movimiento y contrastes lumínicos se multiplican hasta las partes más altas. Achaflana la esquina para poder disfrutar de mejores visuales. Triunfa sobre todo, como buen barroco, en la instalación de la iglesia en un lugar angosto. Impone la pared alabeada, muy suya.
En la iglesia romana de San Ivo , sobre una planta central complicada, formada por dos triángulos equiláteros que al cruzarse forman un hexágono, levanta una cúpula mixtilínea. Se olvida del problema constructivo. El espacio tiene la levedad y transparencia de una pintura. Entramos en el mundo de “las formas que vuelan”. Por el exterior la remata con un cimborrio donde la incurvación de las volutas va en dirección contraria a la del trasdós de la cúpula; se culmina con un pináculo en forma de espiral, donde se va a manifestar la voluntad barroca de ascensión, semejante a la gótica.
En Santa Inés nos presenta un exterior muy original. Abre la fachada en forma cóncava, colocando en las alas dos calados campaniles. En el centro se levanta, sobre un gran tambor, una esbelta cúpula de curva goticista como la de San Pedro, su modelo. La fachada cóncava tiene por misión mover la cúpula hacia adelante, de suerte que parece montada sobre la misma portada. Así, la cúpula gravita sobre la puerta y no sobre el centro del espacio interior, como hasta entonces se venía haciendo. Es evidente que quiso llevar la tensión vertical de los campaniles y de la cúpula hasta la fachada, para contraponerla a la tensión horizontal de la plaza Navona, que todavía conserva la forma alargada del viejo circo romano de Domiciano que fue su origen, y cuyo trazado se puede apreciar hoy día.
Siglo XVIII (primera mitad) De las dos corrientes que hay en Italia en esta época, el rococó está escasamente desarrollado; la otra tendencia más clasicista domina hasta 1760. El templo clásico reclamaba un reposo ante tanta dislocación. En este siglo se reduce la agresividad de los elementos arquitectónicos empleados en fachadas e interiores y se cuida más la decoración. Se abandonan los excesos de curvas en entablamentos y frontones; en las plantas se torna con frecuencia a los rectángulos, presagiando el neoclasicismo de final de siglo.
Felipe Juvara (1676-1736) representa la tradición romana de Bernini, aunque sin rechazar los caprichos ornamentales del rococó. Su obra principal es la iglesia de La Superga (Turín). La planta en forma de octógono irregular pertenece al lenguaje barroco. La cúpula es uno de los últimos vástagos de la inmortal cúpula de San Pedro. Esta iglesia es Panteón Nacional, y como tal, imita la forma del Panteón: el pórtico está alargado a la manera de los templos romanos. Dos esbeltos campaniles barrocos completan esta gloriosa síntesis de arquitectura italiana.
Pero su gran papel en el barroco italiano es como arquitecto de palacios. Sobre un alto basamento almohadillado, levanta un orden gigante que divide armoniosamente el paramento, y se cubre con un ático abalaustrado, con esculturas. Es la solución que aportará al Palacio Real de Madrid, que, encargado por Carlos III, concluirá su discípulo Sachetti.

La estética urbana se cultiva con esmero. Roma se enriquece con la Fontana de Trevi  realizada por Nicolo Salvi. Es una fachada que imita la de un palacio, con un arco de triunfo en el centro y numerosas figuras en la cascada. Es un buen ejemplo de fachada-telón, ya que no corresponde a edificio alguno posterior. El barroco utilizó reiteradamente este procedimiento, tomado en préstamo del teatro.

3.- Francia: la arquitectura cortesana

Las motivaciones que los artistas franceses podrían recibir para su creación son distintas a las de Italia. Francia ha permanecido católica, pero su situación política en el XVI la hace atender más a los asuntos de Estado que a los religiosos. Se convierte en la primera potencia europea a finales del XVII. El arte en Francia es palaciego antes que religioso.
La arquitectura atiende a los palacios y jardines; la pintura a escenas míticas, bucólicas y de género, y la escultura a la inmortalización de los poderosos. Muy pronto, el palacio y la ciudad que surgirá a su alrededor se convirtieron en un signo suntuario de propaganda política: sólo la eficaz administración de un poder organizado (monarca absoluto) podría hacer edificios

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