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Problemas jurídicos: sentencias 9/1981 y 2/1981

Sentencia 9/1981

Problema jurídico: El problema jurídico que tenemos en este caso, es el de dilucidar si el error de la autoría es de tal magnitud que pueda ir en contra de la buena fe y por tanto que pueda existir un vicio en el consentimiento y así poder solicitar la nulidad del contrato. Hechos probados: Los hechos probados con los que nos encontramos en esta sentencia versan sobre una demanda de nulidad de contrato de compraventa, que hace el comprador al vendedor.
Esta demanda, viene dado a raíz de que el comprador comprara al vendedor un cuadro de cierto pintor y que una vez realizada la compraventa, se descubre que la citada obra no pertenece a dicho autor. Sentencia del Tribunal Supremo: La decisión del Tribunal Supremo fue la de declarar el no haber lugar al recurso de casación por lo que estima el fallo de la Audiencia, el cual, a su vez, confirmó lo dictado por el juez de primera instancia, el cual desestimó la demanda, por la cual el actor solicitaba la nulidad del contrato de compraventa. Doctrina del Tribunal Supremo: El Tribunal Supremo confirma la sentencia del juez de primera instancia, basándose en que los compradores y vendedores de obras pictóricas, en relación con su autenticidad vendida en su establecimiento, se limita a expresar de buena fe, que la obra vendida es propia de un determinado artista.
Por tanto, las rectificaciones de autenticidad, como los dictámenes negativos que son hechos de fecha posterior a la compraventa, no pudieron servir como elementos de juicio a valorar por el vendedor.
En definitiva, no cabe apreciar que hubo error en el contrato pues el vendedor asume por sí la responsabilidad inherente a la garantía de autenticidad cuando el comprador es profano. Opinión personal: Como podemos atender al artículo 50 del Código de Comercio de 1885 Los contratos mercantiles, en todo lo relativo a sus requisitos, modificaciones, excepciones, interpretación y extinción y a la capacidad de los contratantes, se regirán en todo lo que no se halle expresamente establecido en este Código o en Leyes especiales por las reglas generales del Derecho común.
Así pues, debemos de tener en cuenta, que los comerciantes y vendedores de obras pictóricas, en relación con la autenticidad y carácter genuino de la pintura vendida en su establecimiento, de autores fallecidos o no contemporáneos, se limita a expresar de buena fe, que la obra vendida es propia de un artista determinado según elementos de juicio que dichos comerciantes o vendedores han podido reunir o tener a su alcance.
Por lo que, viendo esta sentencia, estoy de acuerdo con el Tribunal Supremo, pues se puede apreciar como el vendedor disponía de los elementos de juicio necesarios para citar dicha obra como original, por lo que la buena fe aquí es indiscutible.
Así pues, visto todo esto, he de decir entonces, que no veo lugar alguno para poder solicitar la nulidad del contrato, ya que, aunque el actor solicite el amparo del artículo 1265 del código civil, el error, solo permite anular el contrato si es excusable y esencial, cosa que no pasa en este caso.
Ahora bien, y volviendo al tema del amparo del artículo 1265 del Código Civil, veo injustificado que el actor solicite dicho amparo, sin mencionar si quiera donde versa el vicio, es decir, el actor alega que se mencione dicho artículo pero no da ninguna explicación de si el vicio viene dado por error, por violencia o por intimidación, por lo que es el Juez de primera instancia el encargado de realizar dicho trabajo.
Así pues, señalando que hay error, no cabe lugar al debate de si hubo o no consentimiento, pues las mismas partes así lo afirmaron, además de tener un documento privado como es la carta, que nos ayuda en el litigio al servir como base del contrato de compraventa.
Por lo que, en definitiva, a pesar de que pueda haber una nulidad del contrato, al faltar un elemento esencial de este (artículo 1261 CC) por error en el consentimiento, creo que no se puede aplicar esta regla ya que el vendedor a actuado siempre de buena fe, y además atendiendo a los buenos unos y costumbres, pues desde el primer momento asumió la responsabilidad inherente a la garantía de autenticidad, y que todos los dictámenes negativos, realizados por peritos especializados en la materia fueron posteriores a la compraventa, por lo que nunca pudieron servir como elementos de juicio a valorar por el vendedor.
Ha sido la buena fe quien ha imperado en tal transacción.

Sentencia 2/1998 

Problema jurídico: El problema jurídico de esta sentencia es el de si el vendedor, el cual entrega el cuadro, ha incumplido la condición de entrega de la cosa que se había comprometido a vender, y por tanto se puede solicitar la defensa y ayuda que dispersan los artículos 1101 y 1124 del Código Civil. Hechos probados: Los hechos de esta sentencia, versan sobre la compraventa de un cuadro. El problema radica en que el comprador, después de varios años, al intentar revender tal obra, descubre que es falsa, es decir, no pertenece al autor que se pensaba, por lo que demanda a la vendedora a que se le entregara el original o subsidiariamente, si no se pudiera realizar dicha petición, se declare la resolución del contrato de compraventa. Sentencia del Tribunal Supremo: El Tribunal Supremo estudiando los hechos probados, desestima el recurso de casación, por lo que casa el fallo de la Audiencia, la cual a su vez, estimó el fallo del Juez de primera instancia, el cual desestimaba tal demanda. Doctrina del Tribunal Supremo: Los argumentos utilizados por el Tribunal Supremo para desestimar tal recuso fueron que no se produjo una entrega de cosa distinta, es decir, el cuadro comprado fue el que se hallaba expuesto en el local de la vendedora y fue el entregado, por lo que la finalidad para la que se vendió fue para satisfacer el gusto estético del comprador y que esta finalidad no ha sido frustrada ya que tuvo el cuadro muchos años en posesión y hasta que no intentó revenderla, no pudo conocer que fue falso.
Por lo que no se puede aplicar la protección que dispensan los artículos 1101 y 1124 del Código Civil. Opinión personal: En primer lugar, he de decir, que la inhabilidad ha de nacer de defectos que impidan obtener de la cosa vendida la utilidad que motivó su adquisición, no siendo suficiente para obtener la resolución la insatisfacción subjetiva del comprador.
Por lo que estoy de acuerdo con el fallo del Tribunal Supremo, pues, no estamos ante la entrega de una cosa diversa, por lo que no existe el pleno incumplimiento del contrato de compraventa, por inhabilidad del contrato vendido para cumplir la finalidad o para lo que se vendió, y por consiguiente no se ha producido una insatisfacción del comprador por lo que no se permite acudir a los artículos 1101 Quedan sujetos a la indemnización de los daños y perjuicios causados los que en el cumplimiento de sus obligaciones incurrieren en dolo, negligencia o morosidad, y los que de cualquier modo contravinieren al tenor de aquéllas y 1124 La facultad de resolver las obligaciones se entiende implícita en las recíprocas, para el caso de que uno de los obligados no cumpliere lo que le incumbe. El perjudicado podrá escoger entre exigir el cumplimiento o la resolución de la obligación, con el resarcimiento de daños y abono de intereses en ambos casos. También podrá pedir la resolución, aun después de haber optado por el cumplimiento, cuando éste resultare imposible. El Tribunal decretará la resolución que se reclame, a no haber causas justificadas que le autoricen para señalar plazo. Esto se entiende sin perjuicio de los derechos de terceros adquirentes, con arreglo a los artículos 1295 y 1298 y a las disposiciones de la Ley Hipotecaria del código civil.
Pero también tengo que decir, que no podemos acatar la resolución del contrato, ya que esta insatisfacción es subjetiva del comprador. No podemos consentir esto, ya que en el caso presente no se ha producido una cosa distinta, es decir, se entregó lo que el actor solicitó, la finalidad por la que se compró es otra cosa, ya puede ser para satisfacer su gusto estético, por colección o por lo que fuere, pero la cuestión es que compró lo que solicitó y estas finalidades no pudieron ser frustradas ya que si no llega a intentar revenderlo nunca se hubiera enterado de que el cuadro no es el original que se pensaba.
En definitiva, en la venta de una cosa específica, el vendedor no incumple si entrega la cosa vendida, aunque tenga defectos ocultos.

Así pues, no caben estas pretensiones civiles del actor hacia el demandado, aunque si hubieran prosperado en materia penal, si las pretensiones hubieran surgido por delito de estafa o fraude.

Ejercicios de argumentación 1º: Visto el problema. Creo que Esteban sí podría anular la venta del cuadro, sosteniendo que sufrió un error esencia y excusable, ya que en primer lugar, el error que tiene su origen en el dolo de la otra parte permite anular el contrato, aunque no sea excusable en la persona equivocada.
Además, hay un error esencial en el consentimiento del contrato, pues no sabía la verdad del cuadro, que de haber sabido, no hubiera prestado en ningún momento tal consentimiento, por lo que estamos ante lo que estipula el artículo 1261 del Código Civil, pues falta uno de los elementos esenciales ya que el consentimiento al haber sido prestado con error es nulo.
No podemos permitir, que una persona que ha actuado de manera dolosa perjudique a otra que actuó de buena fe. 2º: En el caso de que el cuadro hubiera sido vendido ya en pública subasta, creo que Esteban no podría anular ya el contrato de compraventa del cuadro que efectuó con Baltasar ya que en la venta de una cosa específica, en vendedor no incumple si entrega la cosa vendida, aunque tenga defectos ocultos, además de que el tercero que compró el cuadro en la pública subasta lo obtuvo de buena fe.
Así pues, si intentamos anular el contrato anterior, estamos perjudicando a este tercero que consiguió el objeto de forma lícita y atendiendo a lo establecido para este tipo de establecimientos.
Pero lo más importante del caso, es que Esteban no podría anular la venta del cuadro si este se hubiera vendido ya en pública subasta ya que en el momento de esta última venta, el contrato de compraventa entre Esteban y Baltasar era legal y el primero no era conocedor del error, por lo que la venta en la subasta era totalmente legítima. Con todo esto quiero decir que no puede anularlo ya que la venta en la pública subasta se efectuó antes de solicitar la anulación del contrato que contrajo Esteban con Baltasar.
En definitiva, Esteban hubiera tenido alguna opción si la solicitud de nulidad del contrato lo hubiera efectuado antes de que se produjera la venta del cuadro en pública subasta.

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